Sandra Guida (dueña y principal figura del cabaret) explota su sensualidad en el cuadro «Caravan», donde canta y baila junto con sus «boys».
«Caravan... The jazz musical» de D. Romay. Int.: S. Guida, R. Valls, N. Armengol,I. Rossi, G. Monje, R. Roberts y elenco. Dir. Gral.: O. Pacheco. Letra canciones y Adap.: C. Pirotta. Dir. Musical: E. Szvetelmann. Cor.: G. Wons. Esc.: R. Diviu. Ilum.: J. Kantrowitz. Vest.: F. Luca (Teatro «El Nacional»).
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Un club de jazz de los años '40, regenteado por una sensual cantante y en cuyos sótanos se cocinan negocios turbios congrega a una serie de personajes que -cine de Hollywood mediante- ya forman parte del imaginario popular. En el bando de los malos: el gángster, su grupo de matones y la rubia «comehombres». En el de los buenos: la jovencita soñadora, el pueblerino ingenuo y el mendigo solidario, y a medio camino entre ambos, las chicas del cabaret (de dudosa reputación) y el detective curtido por el oficio.
Las andanzas de estas figuras arquetípicas, que en este caso accionan sin textos, son apenas la excusa para articular los distintos cuadros coreográficos que integran «Caravan... The jazz musical», un espectáculo que rinde tributo al jazz, tap, swing y otras variantes de la danza norteamericana a través de un vigoroso grupo de bailarines que, con su expresividad y energía, se ganan un lugar protagónico dentro del show.
El cancionero elegido es también un homenaje a las grandes bandas y compositores estadounidenses (Duke Ellington, Benny Goodman, Irving Berlin, entre los más conocidos). En general, no se escuchan melodías pegadizas ni demasiado populares, al menos para el público profano; pero el versionado de las letras en español respalda la acción dramática y permite descubrir el estado anímico de cada personaje. El número de canciones resulta algo escaso teniendo en cuenta el talento y la capacidad interpretativa de las principales figuras de este show.
Sandra Guida (dueña y principal figura del cabaret) explota su sensualidad en el cuadro «Caravan», donde canta y baila junto con sus «boys». Pero es en «One For My Baby» (tema popularizado por Frank Sinatra) donde su personaje alcanza una veta más oscura y conmovedora mientras ahoga sus penas en alcohol.
Rodolfo Valss (una suerte de rufián melancólico enamorado de su socia rubia) pese a contar con una magnífica voz, tiene a su cargo un papel algo desdibujado que lo limita como intérprete. Nicolás Armengol (el joven que se deslumbra ante la gran ciudad) se destaca como bailarín y comediante, más que en el plano vocal. En tanto que Ivanna Rossi (la camarera del Caravan) y Gustavo Monje (el mendigo) vuelven a mostrarse como dos artistas completos. Ambos cantan y bailan con gran solvencia y resultan elocuentes en sus respectivos papeles.
«Caravan» es una obra de atractivo diseño plástico, al igual que «Tanguera», también de Diego Romay, que sigue recorriendo el mundo. Sus imágenes nocturnales describen ambientes de novela negra (el garito, los típicos edificios de Nueva York con su escalera de incendios). La escenografía e iluminación se conjugan para generar climas de ensueño y escenas cinematográficas, aunque sería de desear que los movimientos de tramoya hiciesen menos ruido y se prescindiera de tantos apagones.
Si bien esto está compensado por la fuerza de las coreografías que además de contagiar su dinamismo al público, definen toda clase de acciones (desde fantasías sexuales y rivalidades femeninas hasta redadas policiales y enfrentamientos entre mafias) a veces con estudiada sensualidad, otras con una furia casi salvaje.
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