Una costurera sorprendente y distinta de la de Carriego

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«Nada del amor me produce envidia» de S.Loza. Dir.: D. Lerman. Int.: M.Merlino. Esc.: S.Lacarra. Ilum.: F. Balcells. (La Carpintería, Jean Jaures 858).

Hubo en tiempo en que ser costurera era uno de los pocos oficios dignos que una mujer podía ejercer sin poner en riesgo su salud o su decoro. Requería, eso sí, de gran destreza manual, habilidad diplomática y una vida privada sumamente discreta como para no espantar a la distinguida clientela.

Si alguna costurerita daba «aquel mal paso» (Evaristo Carriego dixit) en manos de algún «sinvergüenza» sólo le quedaba una salida: abandonar el barrio.

La protagonista de «Nada del amor me produce envidia» es producto de esa atmósfera moral, impregnada de mitología tanguera, delirios originados en una fuerte represión sexual y ensoñaciones triunfalistas inspiradas en el radioteatro, el cancionero popular y el mundo del espectáculo.

La actriz María Merlino (de destacado desempeño en «El aire alrededor» de Mariana Obersztern y «El niño en cuestión» de Ciro Zorzoli, entre otros trabajos) da vida a una modista, de fines de los años 40, que tiene por clienta nada menos que a Libertad Lamarque, una de las grandes divas de la época, a quien intenta imitar mientras le confecciona un imponente vestido de fiesta.

La soledad de esta mujer -todavía joven para resignarse a la castidad e ignorar su libido- se puebla de imágenes inquietantes y de obsesivas reflexiones sobre la vida y el amor que invitan a la risa con sus zancadillas a la razón.

El texto del guionista y cineasta Santiago Loza se destaca por sus contenidos poéticos y su elocuente rescate de las expresiones, costumbres y modismos de aquellos tiempos, que lejos de remitir a la estampa de época generan un interesante contrapunto con el criterio de puesta de Diego Lerman, de un costumbrismo virado hacia el absurdo.

Este auspicioso debut teatral de este otro conocido cineasta (autor de «Mientras tanto» y «Tan de repente») cuenta con un atrayente diseño de arte y con la creativa dirección musical de Sandra Baylac.

Cabe señalar que el único conflicto dramático que rompe el apasionado soliloquio de la modista tiene que ver con la inesperada visita de Eva Perón (casi una visión mística en el relato de la protagonista) que la deja muda y alelada, y además le suma un problema irresoluble. La «señora» quiere el mismo vestido que la Lamarque (su presunta acérrima enemiga luego de un oscuro incidente ocurrido durante el rodaje de «La cabalgata del circo» que nunca fue aclarado), lo cual obliga a la costurera a tomar una decisión que hará perderse en una maraña de espejismos y fabulaciones altamente destructiva.

El gran despliegue físico de Merlino le aporta un gran dinamismo a este espectáculo. Además de cantar muy bien y de jugar con las palabras con notable versatilidad, la actriz dialoga con un maniquí como si fuera un alter ego de su personaje. Aún tratándose de una reconocible figura de otros tiempos, su costurera es tan sorprendente y llena de recovecos como si se tratara de un retrato cubista.

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