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Una “extranjera” que, sin apuro, se gana al espectador
Película pequeña, casi tímidamente cariñosa, que tarda un poquito en arrancar, pero termina desarmando al espectador, «La extranjera» describe la evolución de una mujer bastante agria de tanto vivir en soledad, primero como empleada de limpieza en Barcelona, mirando con indiferencia cómo bailan los otros en la discoteca o la plaza pública (esas sardanas con que los catalanes afirman su sentido de colectividad y aburren al prójimo), luego como inexperta dueña de una finca polvorienta que el abuelo le dejó de herencia allá en el medio del monte (el pueblo más cercano se llama Indio Muerto, el siguiente Laguna Seca). Extranjera en ambos lados, aquí al menos tendrá ocasión de cambiar un poco, para su bien y el de sus pocos vecinos.
Uno de ellos es el estanciero animoso y divertido, un tipo desprendido y algo desubicado, que Arnaldo André encarna gozosamente. Otro, el almacenero ladino, acaparador de tierras, que saca ventajas pretextando dar una mano, pero sin el cual las cosas ni siquiera andarían, personaje a cargo de Roly Serrano. Es gracioso ver cómo ambos dueños del pueblo ostentan de distinta forma sus donaciones en la fiesta patronal, y más aún cómo el estanciero y la recién llegada se van acercando, hasta llegar a sucesivos sinceramientos, no exactamente con fines amorosos, pero sí amistosos y acaso comerciales, de un comercio inesperado, risueñamente promocionado por el hombre. Ella, ya tendríamos que haberlo dicho, es María Laura Cali, al fin poniéndose al frente de un reparto.
Despacito, pero con buena música y situaciones de humor asordinado, la película se termina ganando al espectador, le hace considerar ciertas variantes locales de la famosa lucha de clases, y lo enternece, por ejemplo cuando el malo de la película obliga al hijo a ver las consecuencias de un daño que ha cometido, y luego lo abraza, protector. Despacito, también, se fue haciendo esta obra. Autor, Fernando Díaz, el de «Plaza de almas» y «Rubén el murciélago» (ese corto del fisicoculturista lector de historietas, que cuando su mujer le dice que está embarazada la ve como una superheroína).
P.S.


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