Una ingeniosa comedia policial con base realista

Edición Impresa

"Cien años de perdón" (Arg.-Esp., 2016). Dir.: D. Calparsoro. Int.: D. de la Serna, L. Tosar, J. Furriel, L. Cáceres, L. Callejo, R. Arévalo, P. Vico, J. Coronado, M. Álvarez.

"Cien años de perdón" era la primera película de José Glusman, simpática historia de deudores chicos y madres cargosas, filmada en Entre Ríos. También hay un corto chileno con el mismo título. Y ahora esta coproducción hispano-argentina dirigida por Daniel Calparsoro, cuyos personajes pueden pasar el resto de sus vidas gozando del sol del Caribe, o unos cuantos años a la sombra.

No corresponde anticipar mucho. Sí, que el vasco Jorge Guerricaechavarría, el mismo que le escribe los libretos a Alex de la Iglesia, se inspiró en dos hechos reales. Uno, el caso Bárcenas, que evidenció como pocos la crisis de valores de la clase política española. Otro, el increíble asalto a la sucursal Acassuso del Banco Río, hace ya diez años. Acá se le rinde homenaje, incluso en el apelativo que lleva el jefe del grupo: el Uruguayo, aunque en realidad es argentino. Ahora bien, si ese día hubiera llovido a mares, ¿por dónde salían los asaltantes? La cosa se complica. Por eso la acción se ambienta en Valencia, donde existe un famoso Día de la Gota peor que nuestra Santa Rosa. Y donde hay una línea de subterráneos sin habilitar. Eso no es todo. Hay más complicaciones para este boletín. Pero no las diremos.

En pantalla, el uruguayo ad honorem Rodrigo de la Serna, el gallego Luis Tosar, Joaquín Furriel, Luciano Cáceres, el petiso Luis Callejo como un policía negociador capaz de enfrentar a sus superiores sin bajar la vista, el veterano José Coronado, o sea, una banda de actores que se roban la película, a los que se suma Patricia Vico en pose de gerente manejadora que dan ganas de matarla. Para lo cual hay una parva de empleados, clientes hipotecados y policías armados, sin contar los chorros, que tampoco la bancan.

Hay acción, tensión, vueltas de tuerca, cajas de seguridad al alcance de la mano, lluvia a lo loco, salidas sarcásticas en los diálogos y salidas frustradas, un momento en que a cualquiera le agarra claustrofobia, gran lucimiento de la parte argentina (todo se filmó en Buenos Aires aunque diga ser Valencia), y, qué lástima, también hay algunos descuidos menores en el guión, y en la puesta en escena. Por suerte no molestan demasiado. También los de Acassuso tuvieron algún descuido.

P.S.

Dejá tu comentario