17 de diciembre 2012 - 00:00

Una Madonna más “acústica” sacudió a sus fans en River

Hubo que esperarla más de dos horas y veinte por su «calentura», tal como ella definió a su fiebre, pero el show de Madonna fue deslumbrante.
Hubo que esperarla más de dos horas y veinte por su «calentura», tal como ella definió a su fiebre, pero el show de Madonna fue deslumbrante.
Presentación de «MDNA». Actuación de Madonna. (Estadio River; 13 y 15 de diciembre; repite el 22/12 en el estadio Mario Kempes de Córdoba).

Es una pena que al hablar del primero de los shows que hizo Madonna en la Argentina (en su tercera visita para actuar) haya que mencionar, inevitablemente, la extensa demora en su arranque. Dijo después, a lo largo de la presentación, que estaba con fiebre -»estoy caliente», fueron literalmente sus palabras en castellano- y que eso la había complicado. La prueba de sonido ya había arrancado tarde (incluso con la primera parte del público ya ingresado al estadio) y eso postergó el inicio a las 23.20 que, para un día jueves, fue absurdamente tardío. Y fueron episodios menores, tanto que muchos ni siquiera lo notaron, que en un par de oportunidades la pista de sonido tuviera pequeños cortes, aunque Twitter los hubiera convertido en asuntos de estado.

Más digno de análisis es que esta Madonna versión 2012, la que publicó su álbum número 12 en marzo pasado («MDNA»; también muy exitoso en la Argentina en función de lo que son los cánones de venta de estas épocas), se muestra mucho mejor de lo que la vimos en oportunidad de su visita anterior en 2008, cuando pasó con su «Sticky and Sweet Tour».

Su espectáculo propone menos piel (aunque la hay, claro) y más concepto, menos locura tecnológica (aunque el show es deslumbrante y, salvo el problemita de la pista, impecable en lo formal y de avanzada en cuanto a los recursos) y más desarrollo teatral. Podría resumirse que este «MDNA Tour» invita a presenciar un recital de canciones, con las obvias salvedades del caso, a la par que un show de estadio, idea a la que jamás renuncia, por supuesto.

El espectáculo se plantea en cuatro partes -»Transgresión», «Profecía», «Masculino-Femenino» y «Celebración»- que van hilvanando una serie de canciones, nuevas y viejas, con una selección que incluye buena parte del álbum que está presentando. Hay cuestionamientos a los símbolos religiosos católicos (aunque nadie como ella ha mantenido tan vigentes esos símbolos, aún en la crítica). Hay una violencia fuerte que usa para enojarse con la violencia (doblemente significativa en el momento de una nueva masacre en un colegio de los Estados Unidos) con canciones como «Revolver» y «Gang Bang».

Hay gestos de erotismo que le son tan propios, en los coqueteos con los bailarines (entre los que se encuentra su joven novio), en la exhibición de su cuerpo (exagerada e innecesaria a la hora de mostrar bellezas naturales sometidas al paso del tiempo), en el roce de los cuerpos masculinos y femeninos y hasta en su versión de «Dont Cry for me Argentina» que en nuestro país reemplazó a «Like a Virgin» de otros puntos de la gira; y que no omitió un tatuaje con la palabra EVA, en mayúsculas, en su espalda.

Hay referencias a las drogas y al pecado, en las nuevas «Im Addicted» y «Im a Sinner». Hay clásicos que no pueden faltar, como «Like a Prayer», «Vogue» y «Celebration», aunque faltan otros a gusto de la hinchada. Hay porristas, espíritu pop, fiesta, superficialidad y profundidad en cómoda armonía. Y hay también, mucho más que en otros casos, una Madonna más «acústica», guitarra en mano, que dialoga con el público, que manifiesta demagógicamente que está muy feliz de regresar aquí, que se hace «humana» cuando habla de la rotura de su zapato -»se puede bailar con el corazón roto pero no con un zapato roto»-, que exhibe una bandera argentina y que pide la participación a la multitud para colaborar con su garganta algo disminuida.

El espectáculo es compacto, deslumbrante, sólido en los aspectos técnicos, con músicos de los que prácticamente nadie se acuerda y que son a veces como parte de la escenografía (en definitiva, nunca terminamos de saber cuánto y cuándo tocan en vivo y cuándo son apenas una apoyatura para sonidos grabados), con la participación destacadísima del trío vasco Kalakan, con bailarines que despliegan una capacidad llamativa (a ratos, con el nivel acrobático del Cirque du Soleil) y con una cantante/actriz que ha asumido mucho mejor su edad. Adaptó su espectáculo -vestuario y concepción incluidos- a las reglas del almanaque y salió ganando ampliamente. Una pena que su exceso de vedettismo (muchos descreen del asunto de la fiebre) hiciera que todos comentaran en primer lugar el arranque tardío de su primera función.

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