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UNIK: Singular, very singular
No vibra Buenos Aires; late en sus restoranes. Y late con la impronta porteña, con su desorden, su creatividad y sus inagotables facetas. Viernes se metió en dos cocinas antitéticas. Una que mantiene su horno encendido sobre la avenida Corrientes desde hace ocho décadas, protagonista de cuanta postal haya de la Capital, y otra que habla bajito y tiene un rasgo de atelier. De Güerrin a Unik, dos Buenos Aires.

La velocidad con la que el equipo trabaja es abruptamente frenada en el momento del "emplatado", vaya palabra. Mientras las corridas siguen a sus espaldas, Fernando logra una abstracción enorme al momento de armar los platos. Pone la vajilla blanca sobre la tabla, calcula antes de hacer cualquier movimiento y coloca cuidadosamente cada pieza. En esa zona, hay dos lámparas que cuelgan del techo y permiten ser acercadas a la mesa cuando lo exige la precisión de cirujano que requieren algunas preparaciones.
Los clientes parecen ignorar los movimientos dentro de la cocina. El clima en el salón es tranquilo y desde la barra apenas puede oírse el murmullo de las distintas mesas. Los favoritos de los comensales de Unik son el huevo cocido a baja temperatura con papas crocantes, salsa romesco y jamón ibérico; y el dúo de cordero patagónico.
Cada ingrediente está guardado en una bolsa como las que se usan para freezar, en la que está escrito el nombre del producto.
El orden parece ser el lema de la cocina. Los cocineros comienzan su jornada a las 11 y preparan meticulosamente los platos de la noche. Desde los pequeños hinojos que se asan hasta los trozos de cada tipo de carne.
La separación de tareas se rompe cuando el tiempo apremia, como sucede ahora con el plato que deben entregar en una "mesa degustación". Todos contribuyen a armarlo para que salga cuanto antes.
Poco después de las 23, la cocina se tranquiliza. Los cocineros trabajan en los últimos pedidos y hay gente que comienza a retirarse no sin antes acercarse a la cocina a agradecer la experiencia culinaria. En los casi dos años que el restorán lleva funcionando, ha sabido hacerse de una clientela de alto standing.
Recién entonces Fernando tiene unos minutos para responder preguntas. Me aclara que ninguno allí es chef, que son todos cocineros y que la única diferencia entre ellos es el grado de responsabilidad que cada uno pueda tener dentro de la cocina.
"Esto es un oficio que se hace con la práctica. Uno puede ser chef en una oficina", asegura. "El término está mal usado. Uno es chef cuando puede manejar una cocina", agrega Alejandro, encargado de las guarniciones.
Fernando insiste en que él es el cocinero con la mayor responsabilidad y critica el boom por los estudios de gastronomía: "A muchos no les va a gustar lo que digo, pero las escuelas son sólo un negocio. No salís de ahí siendo un chef. Nadie te explica realmente cómo es este trabajo. No te dicen que vas a entrar a laburar a las once de la mañana y seis días por semana ni que mientras tu familia te está esperando, vos te vas a quedar a trabajar hasta que se vaya el último cliente sin importar la hora".
Con curiosidad, el encargado pregunta por el otro restorán que Viernes visitó para esta nota. "¡Güerrin!, es mi pizzería favorita", cuenta.
@maricelspini

