17 de mayo 2013 - 00:00

¿Viento de cola o viento en contra?

En los casi treinta años que han transcurrido desde el retorno de la democracia, la economía argentina ha experimentado asombrosos vaivenes. Desde la primera hiperinflación del continente hasta crecimiento a tasas "chinas" pasando por la crisis más profunda de su historia y por el default soberano más grande de la era moderna. Al evaluar la política económica adoptada por quienes gobernaron el país durante este período, los análisis generalmente se enfocan en el crecimiento del PBI, la inflación, el desempleo, el nivel de la pobreza, etcétera. En realidad, la evaluación de la gestión de cualquier Gobierno debe incorporar los factores externos. La economía argentina es pequeña (es decir, tomadora de precios), relativamente abierta (su coeficiente de apertura excede el 20% del PBI) y con una importante deuda en dólares. Históricamente, las variables externas han condicionado su evolución. En los últimos años se ha hablado mucho del "viento de cola" y actualmente se responsabiliza a la crisis de la eurozona por la desaceleración de la actividad económica. Rara vez se analiza cuán favorable o desfavorable ha sido el entorno.

Siguiendo el criterio de Ockham, las dos variables externas más relevantes para la Argentina son la tasa de interés en dólares a largo plazo, que refleja el costo del capital en los mercados internacionales, y el precio de los commodities agrícolas. La tasa de interés relevante es el rendimiento nominal de los bonos del Tesoro de EE.UU. a 10 años. Esta tasa refleja el componente del costo de financiar al Gobierno (y a proyectos de inversión privados) que no depende de la política económica local (para estimar el costo total debemos sumarle la prima de "riesgo país"). Es decir, que es una medida de la "restricción externa" que enfrenta el país en los mercados internacionales de capitales. En cuanto al precio de los commodities, su aumento o disminución afecta directamente la generación de divisas. Es decir, mientras que la tasa refleja el componente exógeno del costo de endeudarse en dólares, la variación de aquél captura la capacidad de generar dólares para repagar esa deuda que la economía argentina tuvo en los doce meses previos. Hay otros factores importantes, pero estas dos variables alcanzan para entender si la economía enfrentó "viento en contra" o tuvo "viento de cola".

El período diciembre 1983-marzo 2013 se ha caracterizado por una baja sostenida en la tasa de interés y un alza en el precio promedio de los tres principales commodities agrícolas (trigo, maíz y soja). Sin embargo, es necesario aclarar que hasta abril de 1992, cuando se reestructuró la deuda externa bajo el Plan Brady, los mercados internacionales de capitales estuvieron cerrados (es decir, la tasa de interés no fue tan relevante). En cuanto a la economía internacional, hay que destacar tres factores muy importantes durante ese período: a) a partir de fines de 1999 se comenzó a manifestar un fenómeno de exceso de ahorro global ("global savings glut") que empujó hacia abajo las tasas de interés a largo plazo en Europa y en EE.UU.; b) simultáneamente el crecimiento vertiginoso de la economía china alimentó un boom en el precio de los commodities agrícolas que revirtió una tendencia secular declinante, y c) a partir de noviembre de 2008 la Reserva Federal implementó una política de flexibilización cuantitativa que empujó las tasas de interés a 10 años a los niveles más bajos de la historia. Es decir que el componente externo del costo de conseguir dólares para la Argentina bajó considerablemente, mientras que su capacidad de generarlos aumentó significativamente.

Suponiendo que ambos efectos son similares, podemos entonces resumir la dirección del viento en un solo número. Si a la tasa nominal de interés le restamos la variación porcentual en el precio de los commodities, obtenemos una tasa "real" que refleja en un momento dado cuán favorable es el entorno externo. En este contexto, una tasa real positiva refleja "viento en contra", mientras que una negativa indica "viento a favor."

Al analizar la tasa real promedio que enfrentó cada uno de los gobiernos desde 1983, lo más notable es cómo en un lapso de poco más de tres años cambió completamente la dirección del viento. Mientras que De la Rúa durante su gestión enfrentó una tasa real positiva de casi un 5%, a su sucesor le tocó una tasa negativa de casi un 10%. Fue el cambio más abrupto a lo largo de 30 años.

Del análisis de las estadísticas surgen otras conclusiones. En primer lugar, durante el período iniciado en diciembre de 1983 la economía tuvo más meses con viento en contra que a favor (y promedio hubo más del primero). Segundo, el Gobierno con más viento en contra fue el de Menem, tanto en términos relativos como absolutos (aunque su Gobierno se benefició del Plan Brady que reabrió los flujos de capital a América Latina). Tercero, el viento a favor se concentra en el período iniciado en 1999. Cuarto, en términos relativos el Gobierno que tuvo más viento a favor fue el iniciado en diciembre de 2007.

El próximo paso es cuantificar hasta qué punto los gobiernos que tuvieron "viento de cola" lo aprovecharon.

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