10 de noviembre 2009 - 00:00

Vigoroso “Nabucco” en el Argentino platense

Los coros tienen un papel preponderante en esta ópera de juventud de Giuseppe Verdi.
Los coros tienen un papel preponderante en esta ópera de juventud de Giuseppe Verdi.
«Nabucco». Opera en cuatro actos. Mús.: G. Verdi. Lib.: T. Solera. Dir. mus.: A. Pérez. Régie: M. Niec/M. C. Perre. Esc. e ilum.: E. Bordolini. Vest.: I. Moller. Dir. coro: M. Martínez. Coro y Orquesta Estables. (Teatro Argentino de La Plata). Próx. Funciones: 15 y 22/11.

Producto de la primera etapa creativa de Giuseppe Verdi, «Nabucco» (1842) configura el primer éxito genuino del compositor y por su temática que polariza opresión/libertad de modo muy significativo, la obra se ha transformado en un símbolo de la lucha de los pueblos contra cualquier forma de sumisión. Dejando de lado algunos disparates argumentales, «Nabucco» va consolidando una forma de componer óperas que, unos años más tarde, se convertirá en paradigmática en toda la lírica europea del Romanticismo.

La actual producción del Teatro Argentino de La Plata se basa en dos pilares bien sólidos: la interpretación sanguínea y perfeccionista de Alejo Pérez al frente de la Orquesta Estable y la no menos intensa labor del Coro Estable, dirigido por Miguel Martínez. El organismo orquestal se escuchó fuertemente aguerrido pero también sutil y con rigor estilístico, y el coro fue un modelo de expresividad, sin caer en los facilismos emotivos. Hasta el «Va, pensiero...», el célebre momento de los esclavos hebreos del tercer acto, fue cantado con tanto refinamiento y dramatismo contenido que pareció algo distante, pero igualmente fue calurosamente aplaudido por el auditorio el domingo por la tarde.

La puesta en escena de Marga Niec (repuesta por María Concepción Perre) acentuó en todo momento el significado de la obra, construyendo un espacio bello y dinámico para la reflexión y el goce estético. Para ello tuvo la suma calificada de una espectacular escenografía y una iluminación de patéticos claroscuros de Enrique Bordolini tanto como un diseño de vestuario de ricas aristas de Imme Moller.

El elenco no fue lo mejor, pero hubo interpretaciones rescatables. La soprano norteamericana Susan Neves no posee una voz particularmente atractiva y por momentos es algo descontrolada en el volumen y en el fraseo. Así y todo tiene una cierta aspereza que le cae bien al papel de Abigail. El barítono mexicano Jorge Lagunes y el barítono cubano-chileno Homero Pérez-Miranda cumplieron bien con sus personificaciones, sobre todo en los

aspectos vocales ya que la tendencia escénica de ambos fue la expresión estática. Rindieron menos que en otras oportunidades el tenor Enrique Folger, aparentemente un poco incómodo en las exigencias a las que lo obliga Ismael y también la mezzo (¿por qué una mezzo si Verdi le asigna el papel de Fenena a una soprano en el original?) Cecilia Díaz. De todas formas, cuando el elenco completo se unió en los momentos concertantes de este Verdi primitivo y patriótico de «Nabucco», el conjunto poseyó la vibración necesaria.

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