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“Violeta Parra fue feliz cuando vivió en Buenos Aires”
Andrés Wood, realizador de «Violeta se fue a los cielos», film biográfico sobre la vida de Violeta Parra.
Periodista: ¿Cómo vivió Violeta Parra en Buenos Aires?
Andrés Wood: Acá fue muy feliz, porque vino buscando a un hermano que había querido matarse por un problema amoroso, y se instaló como seis meses, llamó a la familia para que viniera. Tocó dos meses en el Ift, y en facultades, a sala llena, grabó un disco muy exitoso que después salió de circulación por razones políticas, donde hizo una versión más larga de «Arriba quemando el sol», y estuvo tres veces en televisión, algo que nunca había ocurrido en Chile. Lástima que no quedó ninguna entrevista archivada.
P.: Ustedes escenifican una.
A.W.: Donde el conductor le hace unas preguntas medio agresivas (si era india, o comunista), que ella responde con humor. Acá se somete a las reglas de la televisión, sólo porque está en tierra ajena. Pero allá habría respondido de otro modo, se habría puesto insoportable.
P.: Tenía su carácter.
A.W.: Era indómita, rebelde. Hoy pertenece a todos, salvo a una pequeña minoría prejuiciosa, pero entonces ni la burguesía buena podía entenderla, no compartían códigos similares. Aclaro, yo no la conocí, la desciframos así con ayuda del libro de su hijo Angel, que además siempre fue nuestro consultor. Luego, al presentar la película, Gastón Soulet, que le ayudaba a transcribir la música, el alcalde que le cedió un lugar en La Reina para que hiciera su carpa, Angel, sus hijos, los nietos de Nicanor, muchos, dijeron que habíamos hecho una buena representación. Pero también algunos de la familia, como Isabel y Tita, nos reclaman que ella era más de lo que sale en la película. Bueno, la obra exige que cada uno rellene lo que falta con su propia visión de Violeta. Creo que al menos privilegiamos bien la idea de una Violeta transparente, cuyas canciones representan su vida, con todas sus alegrías y amarguras.
P.: Es impresionante la caracterización que hace Francisca Corvalán.
A.W.: Si ella no funcionaba la película habría sido un desastre. Pero se preparó durante diez meses hasta llegar a tomar su voz y cantar ella misma, sin fonomímica. Habíamos hecho un casting de 40 voces para doblarla, pero nos sorprendió. Y ahora hasta hace recitales, y le piden que grabe un disco de temas de Violeta. Ahí tiene, hablando de la aceptación general, hace poco en el teatro municipal de Las Condes, barrio conservador, de clase bien alta, se hicieron dos recitales dedicados a Violeta, algo que antes era impensable. E invitaron a Francisca para que cante.
P.: Y hablando de música, ¿qué papel cumplió el Chango Spasiuk en la película?
A.W.: Hay cosas que nos emocionan pero pueden resultar indiferentes a otros públicos. Por eso necesitábamos una mirada de afuera. ¡Pero no tan afuera! Por eso, desde antes del rodaje, Spasiuk nos estuvo asesorando sobre el modo en que debía sonar la música, y la sonoridad de la misma película. El tiene esa cosa muy bonita, que también tenía Violeta, de recopilar temas folklóricos, saber cómo sonaban, y traerlos al presente de un modo accesible al público actual. Su conocimiento calzaba a la perfección con nuestro proyecto.
P.: ¿Ya entonces estaba la idea de coproducción?
A.W.: Era lógica. Con Brasil, por la parte financiera. Y con la Argentina, por la escena de la entrevista y la postproducción. Acá tuve una gran sorpresa, la de contar con Pablo Rovito, un productor que conoce y respeta los procesos creativos, y sabe aconsejar. Sinceramente lo digo, porque no es algo tan común en los productores. Sus comentarios, esto también debo decirlo, contribuyeron muchísimo a mejorar la obra que estábamos haciendo. Y ahora estamos con la miniserie, donde expandimos algunas escenas, y espero agregar canciones. Fue un sufrimiento tener que dejar varias afuera, como «Arauco tiene una pena», o mi favorita, «Cantores que reflexionan», pero por suerte quedaron varias otras muy recordadas.
Entrevista de Paraná Sendrós

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