13 de octubre 2010 - 00:00

Viviana Rivero y el secreto del romance entre un nazi y una judía

Rivero cuenta que tras una primera edición cordobesa en noviembre de 2009, «que se agotó a los 15 días; ‘Secreto bien guardado’ ya lleva seis ediciones y fue el libro del verano en Córdoba. Ahí fue que Emecé me lo pidió».
Rivero cuenta que tras una primera edición cordobesa en noviembre de 2009, «que se agotó a los 15 días; ‘Secreto bien guardado’ ya lleva seis ediciones y fue el libro del verano en Córdoba. Ahí fue que Emecé me lo pidió».
Cada tanto aparece en Córdoba una escritora que con su opera prima, por lo común tardía, se convierte en best seller, y de una editorial regional, pasa a una gran editorial. Pasó con Cristina Bajo, y ahora ha vuelto a suceder con Viviana Rivero y su novela «Secreto bien guardado», que acaba de ser publicado ahora por Emecé y que une el hallazgo de un manuscrito familiar con la revelación del romance entre un abogado alemán de carrera ascendente en las filas nazis y una chica judía de la clase alta argentina. Dialogamos con la escritora cordobesa sobre «Secreto bien guardado» y sobre sus obras siguientes, entre las que está una novela histórica que fue premiada.

Periodista: ¿Cómo aparece en usted contar una historia donde una chica judía de la clase alta y un nazi del Graf Spee que se enamoran en un mítico hotel de Córdoba?

Viviana Rivero: Soy abogada y asesora legal de empresas, quizá eso me ha dado una pasión por revisar documentos. Por otra parte mi padre, Adrián Rivero, es escritor, ésa es su pasión. Bueno, para vivir tenía un negocio de ferretería y cerrajería, y en el sótano se encerraba a escribir. Ahí también se reunía con otros escritores de Córdoba, que por eso los llamaban «Los escritores del sótano». Mi mamá nos decía: «ninguno de ustedes tiene que salir escritor, con un loco en la casa ya es suficiente». Los tres hijos cumplimos, hicimos nuestras carreras lejos de la literatura. Pero aquella experiencia paterna, su influencia, su amor por los libros, por las historias, estaba en mí, sólo necesitaba que como en un rompecabezas se juntaran los elementos propiciatorios. Uno era tener tiempo, y empecé a tenerlo. Ordené mis trabajos, mis hijos se habían hecho grandes. Un día visité el Hotel Edén, en La Falda, y empecé a tener imágenes de una historia que había ocurrido allí hace unos sesenta años. Después supe que ahí sucedía sólo una parte de la novela, que el resto pasaba en Buenos Aires y en distintos lugares de Alemania.

P.: El Hotel Edén como lugar de vacaciones y refugio de nazis, es mencionado en muchas obras, entre otras en unas recientes memorias del notable escritor Alejandro Rossi.

V.R.: Es un lugar que se podría calificar de mágico. Se siente que allí pasaron miles de cosas. Los dueños, los Eichhorn, eran nazis. La mujer, Ida, había sido compañera de Hitler en la primaria. Hay fotos de ellos juntos, tomando el té. Ellos juntaron el dinero para comprarle el primer avión a Hitler, y un autor Mercedes Benz. Lo apoyaron continuamente, en la campaña política, en la guerra, en todo. Y él les mandaba cartas que cerraba con: «Cariñosos saludos, Adolf». Además, a principios del siglo pasado, en esos salones habían estado los príncipes de Gales y de Saboya, magnates y aristócratas, el poeta Rubén Dario. Pero esa época no era la que me inspiraba. Me interesaba ese mundo de los nazis que habían llegado allí por el hundimiento del acorazado Graf Spee. Pensaba que a ese lugar concurría una clase alta, que había ido cambiando mucho en 1940. Comencé a investigar.

P.: Pero no eligió hacer una novela histórica sino un drama romántico.

V.R.: Quería que mis personajes tuvieran sentimientos tan fuertes que los impulsaran a romper con las ideas en las que habían sido educados desde chicos, que fueran capaces de luchar contra principios que les habían sido impuestos. Pensé que esa tensión se podía dar en el Hotel Eden entre un diplomático nazi y una chica judía de la burguesía.

P.: ¿Eso era posible?

V.R.: Yo también dudé, y me puse a investigar. Una de las primera cosas que aparecieron es que en ese hotel había estado Einstein. Ida Eichhorn era el alma mater del hotel, manejaba todo, y tenía una actitud cuidadosa, como para no evidenciar demasiado sus opiniones. Era un lugar de empresarios que se juntaba allí de vacaciones y tomaba decisiones en lo económico. Así es como llega Daniel Peres Kiev, con su mujer y su hija. A su mujer no le gusta demasiado estar allí, pero Daniel se encuentra con sus colegas, lo mueve el interés.

P.: Para el romance entre un nazi y una judía ¿se inspiró en la relación entre Martin Heidegger y Hannah Arendt, o en algún otro?

V.R.: No pensé en eso, pero algo hay. Martin Müller, el diplomático es un alemán que ha sido abogado toda su vida y lo llevan a entrar en el Partido Nacional Socialista. Amalia tiene sangre judía, pero no ha sido criada como judía, por eso no le cuenta. Quería que el lector se sintiera tironeado en su credulidad.

P.: Su novela se publicó inicialmente en una editorial cordobesa.

V.R.: Como todo escritor que se inicia, comencé por lo más cercano. Fue un modo de chequear la obra en varios sentidos. Se la llevé al Emporio del Libro, que es de una familia judía. Me dijeron que tenían todo ocupado, pero que se lo dejara. A los dos días me llamó Tamara Sternberg, que dirige la editorial. «Hasta la mitad del libro no sabía si lo íbamos a publicar. Me quedé leyendo hasta las 3 de la mañana, lo vamos a hacer». Salió en noviembre, y a los 15 días se agotó la primera edición, y lleva vendidas seis ediciones. Fue el libro del verano en Córdoba. Ahí fue que Emecé -Planeta me lo pidió para su Biblioteca de Escritores Argentinos.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

V.R.:
De ser una chica que no tenía que ser escritora para cumplir con lo que le ordenó su mamá, pasé a estar al lado de mi padre de una manera inesperada y cada vez más rápida. Me paso la mitad de tiempo escribiendo y la otra mitad investigando. Y ya instalada en ser escritora, escribí «En un mundo de hombres, mujer y maestra» que envié a un concurso literario del Gobierno de San Luis sobre «Mujeres inglesas en la construcción del país», y gané el Primer Premio de Novela Histórica 2009, con un jurado donde estaban entre otros Pacho ODonnell y Lucía Gálvez. Parte de las maestras que trajo Sarmiento, y trata del primer colegio de Córdoba que no fue religioso, que hoy es el Alejandro Carbó, algo que trajo una batahola sensacional. Llegamos a romper relaciones con el Vaticano durante 15 años por causa de las reuniones que tuvieron en Córdoba las mujeres con el delegado papal. Además, entre las cláusulas que tenían las maestras estaba que no se podían casar, ni usar vestidos por encima del talón. Era un noviciado laico por la educación. Hubo enfrentamientos con pancartas, entre mujeres tradicionalistas a favor de la Iglesia y las que estaban por la modernización. Y ahí está mi protagonista, una mujer que tiene vocación de maestra, pero a la que no le van a prohibir por eso que ame a un hombre. Ahora acabé la historia de medio siglo de una familia, que vino de Europa a establecerse en nuestro país, contada a través de una mujer. En fin, otra historia envuelta en sentimientos.

Entrevista de Máximo Soto

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