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Volver a la vieja comedia popular
Muriel Santa Ana: “Norberto Aroldi escribió esta obra especialmente para Tita Merello. Es el papel de una mujer sometida a un hombre en una pareja que, al final, cambia los roles”.
Periodista: ¿La sala fue refaccionada en su totalidad?
Muriel Santa Ana: Toda. Se refaccionaron las instalaciones y hasta se podría colgar un cartel de "hay calefacción" porque en La Boca hace mucho frío y apenas uno entra al hall, siente calor. Ahora hay un ascensor para acceder al pullman; están los cuadros de Quinquela Martín y las butacas de colores, porque se respetó el tapizado original.
Periodista: Desde el 2000 que se intenta llevar más público a esa sala...
M.S.: Ahora pusieron un horario vespertino. Está muy bien pensado, por ser invierno y porque es La Boca...
P.: ¿"El andador" tendrá funciones nocturnas?
M.S.: No, salvo el preestreno, nuestras funciones serán los viernes, sábados y domingos a las tres de la tarde. Eso revolucionó al barrio. Los del bar de la esquina frente a Caminito, ahora mi nueva oficina, me comentaban: "Por fin vamos a tener gente de acá y no sólo turistas extranjeros". Ya se sabe que los fines de semana a esa hora, Caminito explota.
P.: Ningún funcionario de Cultura lo habría anunciado con más entusiasmo. Ahora, háblenos de "El andador".
M.S.: Se estrenó en 1965. Después fue llevada al cine por Enrique Carreras. Aroldi era muy tanguero y esta obra es un tango total: una pareja que convive desde hace 16 años y cuando ella queda embarazada, el tipo que es jugador y burrero la deja porque no quiere responsabilidades. Tiene un buen equilibrio: en el primer acto, el hombre es el fuerte y ella la débil. Pero cuando él regresa, después de 6 u 8 meses, todo se da vuelta. Aroldi la escribió para Tita Merello, no para una actriz cualquiera. Y en ese estilo de actuación había mucha bajada de línea, mucho consejito y tono admonitorio. Como Tita ya no está, yo no puedo actuar eso. Lo que hicimos, con Rittano y Bazzalo, fue iluminar ese camino de comedia fresca y sensual y buscar la fragilidad de mi personaje, que no está escrito para ser frágil sino para una mina que tiene todo muy claro pese a haber sido golpeada por la vida. Rittano también enriqueció a Julián con más contradicciones.
P.: ¿Les costó adaptarse al lenguaje de época?
M.S.: No. Es bueno entrar en otra poética y otro tipo de comunicación. Me da placer decir: "Bajate de la calesita y desembuchá de corrido". Si no lo digo ahora ¿en qué otra obra lo voy a poder decir? Esta es una pareja joven, activa y entre ellos hay pasión. Aquí se defiende es el amor, no un deber ser. Y como los dos son bastante "aparatos" hay mucha comicidad. La obra tiene un final feliz y gracioso.
P.: En comedias como "Ciega a citas" o en "Guapas" usted siempre encarnó a heroínas algo rebeldes.
M.S.: Sí, y ahora me cuesta doblegarme ante el machismo recalcitrante de Julián. ¡Lo que se ha reído el director! Hay un momento en el que él tira su ropa al piso y Rosa tiene que levantarla abnegadamente. Pero yo la agarraba con furia, como si el cuerpo se me rebelara. "No, así no", me decía Bazzalo. "Ella es un ama de casa asumida. Le doblás ese pantalón y lo llevás adentro". Después de la escena me descargaba con Rittano: "la puta madre, cómo me revoleás esos zapatos". Nunca habíamos trabajado juntos, pero con él y con el director armamos un buen trío de comedia.
Entrevista de Patricia Espinosa

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