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Von Schirach atrapa con sus “hechos reales”

«Basado en hechos reales» es un buen slogan publicitario, no por nada aparece reiteradamente en películas, unitarios de televisión y en fajas de novelas. Y si la historia, que suele tratar de algún tipo de delito, no está «basada en hechos reales» buscará parodiar la crónica y sus protagonistas serán periodistas, abogados, psicólogos o forenses y no vetustos investigadores privados.
Este libro que reúne 11 relatos «basados en hechos reales», elegidos entre los mas de 700 casos en los que participo su relator como abogado defensor, siguen el camino inverso, logrando deslumbrantes piezas literarias, que, por mas que partieron de la realidad, remiten a aquellos cuentos en los que se confabulaban Émile Erckmann y su amigo Alexandre Chatrian, las semblanzas de personajes que construía admirablemente Marcel Schwob o los retratos de seres infames con que se inició Borges en la narrativa.
Una demostración de esas raíces es que Von Schirach inicia su libro con un prólogo que es uno de sus mejores cuentos. Allí dice que cuenta «historas de asesinos, traficantes, asaltantes y prostitutas. Todos tienen su historia y no son muy distintos de nosotros. Nos pasamos la vida danzando sobre una fina capa de hielo; debajo hace frío, y nos espera una muerte rápida. El hielo no soporta el peso de alguna personas, que se hunden. Ese es el momento que me interesa».
Un médico anciano mata a hachazos a la insoportable mujer que amó toda la vida hasta sentirse ferozmente aprisionado por un juramento de fidelidad («FTMhner»). Tres ladrones de cuarta roban en la mansión de un magnate japonés, entre las cosas que se llevan hay un raro artilugio para moler té verde. La venganza del magnate es de una ferocidad que recuerda «El jardín de los suplicios» de Octave Mirbeau («El cuenco de té de Tanata»).
Una violonchelista mata por piedad a su hermano enfermo, y esto revela un conjunto de secretos familiares, donde no falta el incesto, y provoca una par de suicidios («El violonchelo»). Un sicario que se dedica a matar neonazis («Legítima defensa»). El muchacho no puede controlar sus instinto y quiere comerse a su amada («Amor»). Un alemán humillado asalta un banco para poder hacerse ciudadano de Etiopía, único lugar donde encontró un poco de amor («El etíope»).
Todos los relatos, atravesados de un estilo seco y minimalista, conmueven. Acaso porque no usan la coartada de la anormalidad, provocando empatía con seres detestables, o una comprensión de todo lo que llevó a que alguien actuara del modo que lo hizo, porque nada es lo que parece a simple vista. El abogado puesto a narrador logra sus cometido: «hacer que el lector actúe como juez y decida la pena».
Por este, su primer libro, Ferdinand von Schirach mereció el prestigioso Premio Kleist, estuvo 52 semanas en las listas de best sellers, fue traducido a 33 idiomas, dio base argumental a dos películas y a un ciclo de televisión. Von Schirach ha publicado recientemente un segundo libro de relatos y la novela «El caso Collini».
M.S.


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