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¿Vuelta a 2007?: la crisis está otra vez a la vista
Por su parte, Portugal inauguró las subastas de deuda pública de los países periféricos en 2011 con la colocación de 500 millones de euros en Letras a seis meses, por las que se vio forzado a ofrecer un rendimiento un 80% superior al abonado en la última operación de este tipo, celebrada el pasado septiembre. En concreto, el Tesoro luso debió ofrecer a los inversores una rentabilidad del 3,686%, frente al 2,045% ofrecido en la subasta de septiembre de 2010 o el 1,960% abonado en una operación similar celebrada en agosto de ese mismo año. El impacto de esta licitación fue una caída generalizada de bonos en Europa que se trasladó a las Bolsas, particularmente a la española.
Sin embargo, buenos datos sobre el empleo en EE.UU. unas horas más tarde permitieron que los mercados se recuperaran parcialmente sin llegar a niveles muy favorables.
Pero ayer, los problemas recrudecieron. La proximidad de grandes vencimientos de deuda en España -la semana entrante- está poniendo nerviosos a los operadores. Ayer la suba de las primas de riesgo se vio con fuerza en España, Italia, Bélgica y, sobre todo, Portugal. La necesidad de efectuar un «rescate» de Portugal parece cada vez más cerca, y así lo confirman encuestas de expertos difundidas por Reuters.
La prima de deuda en España volvía a situarse cerca de los 260 puntos básicos, tras iniciar la jornada en 240 puntos. El sector financiero fue principalmente el que arrastró al Ibex al entorno de los 9.700 puntos.
De este lado del Atlántico, contra los resultados de la encuesta que el miércoles parecía hablar de una creación de fuerte empleo privado, el incremento de las peticiones semanales de subsidios de desempleo en EE.UU. difundida ayer, que pasaron de 391.000 a 409.000, y los malos datos de ventas de algunas cadenas comerciales el mes pasado, transformaron una suba en baja.
El nerviosismo y los vaivenes son una constante. Los datos del miércoles favorecieron al dólar frente al euro, y con dólar más fuerte, afloja la demanda especulativa sobre las materias primas y, en particular, sobre el oro. Pero ya ayer, junto con las tensiones por la deuda en Europa, los nuevos indicadores de empleo en EE.UU. terminaron con el optimismo, abriendo un interrogante sobre la suerte del mercado de divisas y de materias primas.
¿Qué ocurrirá en las futuras licitaciones de deuda de los llamados países periféricos de Europa, a saber, Grecia, Irlanda, Portugal y España? En este último caso, ayudan los anuncios de China de apoyar a los hispanos comprando deuda y con programas de inversión directa. Pero, como se advierte, no alcanza para revertir la tendencia. Y los indicadores de crecimiento en la periferia de Europa no son alentadores. Sin crecimiento, la refinanciación de las deudas de los países con paquete de ayuda o sin paquete de ayuda se hace muy difícil. Los chinos no son damas de caridad.
Por eso, la mayor parte de los analistas estima que el futuro del euro, arrastrado por los problemas de los países periféricos, no es muy tranquilizador.
En cambio, muchos analistas provenientes del mercado financiero ven con entusiasmo la perspectiva de los mercados en EE.UU. Desde ya, importantes economistas, como los premios Nobel Krugman o Stiglitz, ven grandes nubarrones en el horizonte. Krugman teme un estancamiento de largo plazo de los EE.UU. -como el sufrido por Japón desde los 90-. Y Stiglitz afirma que los problemas de deuda, particularmente en Europa, son tan graves que será necesaria una reestructuración. Y cree que, aunque ésta sea dolorosa, los costos serán mayores si se sigue postergando la decisión.
En Estados Unidos, la mayoría republicana en el Congreso, la fuerte oposición política al titular de la Reserva Federal, Ben Bernanke, y el tono crecientemente conciliador del presidente Obama hacen pensar que las políticas de estímulo van a ser cambiadas por políticas de austeridad. Por lo menos, en lo que al gasto público se refiere.
La endeble recuperación norteamericana tiene mucho de rearmado de stocks de las empresas, de demanda estacional por las fiestas y, sobre todo, estímulos fiscales; y, por ende, puede detenerse en cualquier momento. No por casualidad la mayor parte de los operadores disfruta y participa de la tónica favorable de Wall Street, pero sabe que tiene que moverse cautelosamente y con decisiones de corto plazo.
Los grandes desequilibrios macroeconómicos que dieron lugar a la crisis de 2007 siguen sin resolverse más allá del alivio coyuntural. En cualquier momento pueden volver a aflorar.


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