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“Whisky con vodka” para pasar el rato
El director alemán Andreas Dresen cuenta la historia algo despareja, pero risueña (y con tangos como «Por una cabeza»), de un actor veterano que se niega al retiro.
El alemán Andreas Dresen, conocido entre nosotros por su relato de sexo en la tercera edad «Nunca es tarde para amar», nos presenta ahora otra historia de veteranos que se niegan al retiro, pero en este caso en forma de comedia. Un actor, diríamos, apenas entrado en la etapa otoñal, pero ya varias veces entrado en copas, vuelve al set de filmación luego de una desagradable experiencia que le hizo perder el contrato, amén de la buena fama y un año de trabajo. ¿Ahora será capaz de cumplir con las expectativas, o tendrá una etílica recaída? En el set sufre otro percance. Por encima del director histérico, los productores deciden contratar un suplente. Así, cada escena se filmará dos veces, por las dudas el titular no logre llegar hasta el final del partido. Para más bochorno, el suplente tiene menos edad.
La película que ambos están filmando se titula «Tango para tres», pero a esta altura ya son cuatro: una actriz levemente madura, otra bien jovencita que hace de hija ninfómana, el galán de ambas, y el galán suplente. En cada escena, cada dama será galanteada y manoseada de igual forma por cada varón, y ya se sabe además cuánto deben repetirse algunas escenas en las filmaciones. Lo que parte del equipo sabe, entre corrillos, es que la dama levemente madura, hoy esposa del director histérico, supo andar de romances con el galán maduro (que quizá todavía recuerde cómo tratar a una mujer en la vida real). En cuanto a la damita joven, bueno, alguien por ahí menciona una frase de Marcello Mastroianni, «en los rodajes los más afortunados son los asistentes de cámara». Quien le arrastra el ala más bien es un asistente a la cámara. Muy linda chica, de apellido difícil y rostro bonito, estilo años 20.
Precisamente, la película que filman se ambienta en los 20, lo que no impide que los personajes bailen «Por una cabeza», que Gardel y Le Pera hicieron recién en 1935 para la película «Tango bar». No importa, los alemanes siempre estuvieron adelantados. Lástima que acá, tras un prometedor comienzo, el ritmo y las situaciones de comedia se pierdan un poco. Parece que a cierta altura Dresen se sintió tan perdido como el personaje de su director, y era él quien necesitaba un suplente. Entretanto, los actores de la historia se escapan juntos a recorrer bares, uno whisky, el otro vodka porque se crió en Alemania del Este. «¿Qué lograron los rusos? Acercaron la frontera del vodka hacia el Oeste», observa el viejo.
Buenas frases, mujeres de buen ver, momentos varios para beber, pequeñas confesiones sobre el oficio actoral y los problemas de filmar (por ejemplo, ese «Tango...» debía ser en la Riviera, pero se hace en el Báltico por razones de costo y sociedad, etc.), buenas actuaciones, y, como envolviendo a ese lote de figuras risueñas en un clima de balneario fuera de estación, cada tanto se oyen algunos compases de «Me estoy volviendo sentimental» y otros temas lentos, hechos en los buenos tiempos para apretar con elegancia. Eso es todo, podría ser más, pero alcanza para pasar el rato.
P.S.


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