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WikiLeaks alcanza a Obama: escándalo por una filtración sobre Guantánamo
El penal de la base de Guantánamo en 2002 (arriba) y Barack Obama ayer, en una aparición ligada a la Pascua en la Casa Blanca (izquierda). El presidente había prometido desmantelar esa cárcel, pero se ha mostrado impotente para cumplir.
La organización de Julian Assange distribuyó casi 800 documentos militares secretos sobre los detenidos en la base, fechados entre 2002 y 2009. Las informaciones fueron publicadas ayer por The Washington Post, el Daily Telegraph y el español El País, entre otros medios «asociados» a WikiLeaks. The New York Times, que tuvo problemas con Assange, obtuvo los documentos de otra fuente bajo la condición de anonimato y los compartió con The Guardian.
Tanto la filtración en sí como su contenido suponen una fuerte incomodidad para el Gobierno de Barack Obama, dado que el material incluye el primer tramo de su administración.
Además, el demócrata prometió durante la campaña de 2008 y al asumir el cargo en enero de 2009 que iba a cerrar el centro de reclusión, que los detenidos allí serían juzgados en tribunales civiles de Estados Unidos y que algunos presos serían trasladados a otros países, pero hasta la fecha no se ha podido cerrar la instalación.
Vuelven los juicios
Desde 2002, más de 600 internos han sido trasladados a otros países. El presidente anunció recientemente que se reanudarán los juicios en las comisiones militares ideadas por George W. Bush, en las que -alegan los críticos- no existe un verdadero derecho de defensa.
El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, manifestó la «decepción» oficial por el hecho de que los importantes diarios locales hayan colocado la información en sus páginas de internet. En tanto, el Pentágono definió como «deplorable» la publicación de los documentos «obtenidos ilegalmente» y tachó de «incompletas» las evaluaciones.
Los documentos proporcionan los estudios de inteligencia sobre casi todos los 779 detenidos en Guantánamo desde 2002. Sin embargo, ningún archivo menciona las técnicas de interrogatorio más cuestionadas, como el «waterboarding» («submarino»), las posturas forzadas y la privación del sueño, todo lo cual derivó en múltiples denuncias de aplicación de torturas.
Los prisioneros son clasificados según el «valor» que tienen para los servicios de inteligencia y la «amenaza» que se les atribuía en caso de liberación: «alta», «media» o «baja». Pero el Telegraph afirma que entre ellos había 150 personas inocentes, además de «algunos de los terroristas más peligrosos del mundo», como es definido Khalid Sheikh Mohammed, considerado el cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Revelaciones
Éste dijo a sus interrogadores que Al Qaeda había ocultado en Europa una bomba nuclear lista para provocar un «cataclismo» en caso de que Osama bin Laden fuera muerto o capturado. Al Qaeda también pensó en reclutar empleados del aeropuerto londinense de Heathrow para un atentado, y consideró arrojar cianuro en los conductos de ventilación de edificios públicos estadounidenses.
Según el semanario alemán Der Spiegel, Mohammed había formado dos células para preparar el ataque en Heathrow y preveía secuestrar un avión poco antes del despegue del aeropuerto londinense para hacerlo estrellar en una de las terminales.
Los documentos también afirman que el 11 de septiembre de 2001, la cúpula de Al Qaeda estaba reunida en la ciudad paquistaní de Karachi, y allí siguió, desde una casa particular, los atentados en Nueva York y Washington. Luego, todos ellos -encabezados por Bin Laden- se trasladaron a Afganistán para una gira en auto durante tres meses, con el fin de incitar a sus hombres y a los talibanes a «combatir sin pausa la invasión de los infieles en nombre de Alá».
Entretanto, según The New York Times, unos 200 detenidos de «alto riesgo» fueron liberados o extraditados a otros países. Pero el Telegraph precisa que, del total de detenidos, unos 200 debían ser considerados como peligrosos, en tanto 380 eran sólo militantes de base.
Asimismo, por lo menos 150 eran afganos o paquistaníes inocentes, capturados a partir de informes recolectados en zonas de guerra y a menudo confundidos con otras personas. Entre ellos están Mohammed Sadiq, un campesino afgano de 89 años afectado de demencia senil, y un adolescente de 14 años capturado tras haber sido raptado y obligado a enrolarse en una banda talibán. Pasaron meses hasta que ambos fueron devueltos a su país.
Entre otras revelaciones, los documentos afirman que un simple y barato reloj Casio F-91W era una posible señal de afiliación a la red Al Qaeda, según la inteligencia norteamericana.
«Se sabe que el Casio era entregado a los estudiantes de los cursos de Al Qaeda para la fabricación de bombas en Afganistán, donde se indicaba a los alumnos cómo hacer funcionar el timer», dicen los documentos obtenidos por The Guardian. «Un tercio de los detenidos capturados con este modelo en la muñeca tenía conexión con (el manejo de) explosivos», dice un documento.
Durante los nueve años de existencia del campo de detención de Guantánamo, Estados Unidos invitó al menos a diez agencias de inteligencia extranjeras para interrogar a prisioneros y compartir las informaciones reunidas sobre sospechosos de terrorismo. Entre los países invitados están China, Túnez, Marruecos, Rusia, Arabia Saudita, Tayikistán, Jordania, Argelia, Yemen y Kuwait, indicó The Guardian.
Agencias ANSA, DPA, Reuters y AFP

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