20 de septiembre 2017 - 00:00

“Ya no quedan lectores, sontodos escritores en latencia”

La autora mendocina, también dramaturga, cuentista y poeta, define a su última obra como la más apegada a la historia argentina, “que es impredecible y signada por el absurdo”.

García Lao. “Nación vacuna” es una distopía en la que la Junta ganó la guerra de Malvinas, pero los militares quedaron sin armas y no regresan”.
García Lao. “Nación vacuna” es una distopía en la que la Junta ganó la guerra de Malvinas, pero los militares quedaron sin armas y no regresan”.
Mostrar "algunos de los ejes de lo que ha sido y de lo que puede ser la historia argentina, que es impredecible y signada por el absurdo", llevó a Fernanda García Lao a escribir "Nación vacuna" (Emecé). La autora mendocina es novelista, cuentista, dramaturga y poeta, lleva publicados doce libros y estrenadas cinco obras Fue traducida al inglés, francés, portugués y sueco, y destacada en la Feria de Guadalajara como "el secreto mejor guardado de la literatura latinoamericana". Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Por qué la consideraran "rara"?

Fernanda García Lao: Se dicen cosas tremendas. Eso de rara me parece un piropo. ¿Rara, como encendida? Ser escritor hoy ya es raro. Es un gesto extravagante. No hay prácticamente lectores: todos son escritores en potencia, solapados o en latencia. Y están los que saben que uno se dedica a la escritura y te quieren vender su vida. O son muy generosos o creen que tienen algo para aportar en el campo literario; desde la escritura, o como personajes, se ven participando de la trama literaria. Pero aquí no hay una industria editorial de la que se pueda vivir. La cultura ha quedado como una lateralidad absoluta. Los discursos del poder no la incluyen. Cosa que me parece perfecto desde un punto de vista, y no desde otro. El escritor desvía el lenguaje hacia territorios que no son los de la información, o de la desinformación, según se vea. Por tanto, está bien conservar algo de marginalidad. Si los periodistas hacen ficción, "pos-verdad", uno se pregunta entonces ¿qué hacemos nosotros, dónde nos ubicamos? Eso pone todo el tiempo contra las cuerdas. Yo, que trabajo en el terreno del absurdo, como la realidad es absurda soy una realista mal leída.

P.: "Nación vacuna" tiene resonancias inmediatas.

F.G.L.: Creo que es mi novela más argentina. Me gustó tomar algunos ejes de lo que ha sido y de lo que puede ser la historia argentina, que es impredecible y signada por el absurdo. Hay referencias literarias e históricas. Hay un matadero y un frigorífico. Tenía ganas de jugar con ese paradigma. Si arrancamos así, como lo mostró Echeverría, no nos podemos hacer los inocentes. También quería jugar con lo masculino, el narrador es un hombre. Hay un proyecto dirigido por una junta civil, por un ingeniero. Lo mío era una distopía. Yo siempre con proyectos anacrónicos. Después la historia tuerce, a veces te da la razón y a veces te desmiente. En este caso es una junta que reúne a un ingeniero, un ginecólogo y un comisario, y ha habido una guerra en unas islas, las eme, y se ha ganado esa guerra. Es una victoria tramposa porque los militares quedaron en las islas sin armamento, sin barcos y no pueden regresar, y el enemigo se rinde pero los envenena. Las tropas han ido mermando. Están en barracones fríos, y no les tiran alimentos, y nadie se quiere contagiar. Y la Junta pergeña el Proyecto Vacuna. Entonces lo de "Nación vacuna" tiene varios sentidos. Uno es la vacuna con la que se intenta inmunizar a una serie de mujeres que van a salvar a la patria, son las hembras por la patria. A partir de ahí el que quiera saber más que lea. La capital se ha trasladado a Rawson, que es una ciudad de funcionarios del Estado. Lo que ocurre está narrado por un funcionario que es el hermano fracasado de uno de los miembros de la Junta. Y es bastante idiota. Yo quería que la novela fuera inteligente, pero el protagonista un imbécil. Siempre me gustó de Faulkner ese "vamos a ver como se arreglan" que les imponía a sus personajes. Dado que "Nación vacuna" es una novela tan argentina decidí eliminar la coordenada tiempo, no se sabe bien cuando sucede.

P.: Sus novelas se destacan por una trama intrigante y los diálogos.

F.G.L.: Eso tiene que ver con que provengo de la dramaturgia, del teatro, pero en "Nación vacuna" cambié, decidí: acá no va a haber diálogo directo. Trabajé con el diálogo subjetivo: él dice que el otro dijo que dijeron. Están las versiones, la versión estatal y la versión enredada de la realidad. Y hay algo de ese magistral trabajo en contra que realizaba Arlt, trabajar desde el relato en contra de la lengua, del sistema, de los temas, de sí mismo. Cuando era chica, en Mendoza, venía por casa Di Benedetto, un amigo de mi viejo, un personaje de la familia, un extravagante; cuando pude leerlo, ya de grande, sentí que también tenía que ver conmigo, que sus novelas, con los juegos brillantes de "Mundo animal", yo era chica y a veces uno llega tarde a alguna gente.

P.: ¿Por qué inicia su novela con la frase "Patria absurdo"?

F.G.L.: Es una cita de "En las alturas" de Bernhard. La patria interesa cuando te has ido y la ves de lejos. Yo perdí patria y padres en el exilio. Acaso por eso hay algo de delirio anarquista en lo que escribo. Y por ese lado me conecto con esa mirada arltiana del mundo, que no es un gesto, es la biología, es mi forma de ver el mundo.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

F.G.L.: Tengo un libro de cuentos listo. Con Guillermo Saccomanno escribimos otro, nada que ver con "Amor invertido", son 165 relatos en torno a la noche y lo nocturno. Además estoy en la página 80 de algo que todavía no se qué es.

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