6 de abril 2011 - 00:00

Yehuda Berg: “¿Borges? sí, creo haber oído de él”

Para Berg, cuando artistas como Madonna o Demi Moore estudian la kabbalah, «se piensa que esa gente no toma la vida en serio, pero la kabbalah no es sólo para los serios, es para todos los que quieren estudiarla».
Para Berg, cuando artistas como Madonna o Demi Moore estudian la kabbalah, «se piensa que esa gente no toma la vida en serio, pero la kabbalah no es sólo para los serios, es para todos los que quieren estudiarla».
Yehuda Berg, maestro de kabbalah de Madonna, Demi Moore y Nicole Richie, entre otras celebrities, que fue considerado por la revista «Newsweek» en 2007 como el número cuatro entre los 50 «Top rabinos de Estados Unidos», y realiza giras internacionales para difundir sus ideas, vino por cuarta vez a la Argentina a presentar su nuevo libro «El poder de cambiarlo todo» (publicado en Colombia por The Kabbalah Center). Sus libros anteriores «El poder de la kabbalah» y «Los 72 Nombres de Dios» han sido best sellers internacionales. Yehuda Berg codirige con su madre, Karen Berg, y su hermano, Michael Berg (que tambien publica libros de corte espiritualista) el Kabbalah Center, fundado por su padre, Philip Berg quien según explicara aprendió los secretos de la kabbalah de los rabinos kabbalistas Ashlag y Brandwein. Ese Centro de Kabbalah que desde Los Angeles, se ha esparcido por el mundo, es visto como controversial y sus enseñanzas cuestionadas por rabinos que consideran que no remiten a la tradición mística judía que explica y fija el sentido de la Sagrada Escritura, y que son sólo una forma de espiritualismo. Dialogamos con Yehuda Berg.

Periodista: ¿Cómo llegó usted a la kab

Yehuda Berg: La estudié desde muy chico. La kabbalah es la transmisión de un saber, y en esa transmisión importa saber quién es nuestro maestro, y quién fue el maestro de ese maestro, porque hay una tradición. En mi caso, mi maestro es mi padre, Philip Berg, que fundó el Kabbalah Center en Estados Unidos, y a partir de él podría nombrar a quienes fueron su maestros, y los maestros de su maestros, que fueron quienes tradujeron «El Zohar», uno de los libros sagrados de la kabbalah, al lenguaje diario. Creo que mi linaje es bastante bueno. Y considero que el producto más importante del aprendizaje de la kabbalah es más que lo que se aprende la relación entre maestro y alumno. Para poder tener éxito, tenemos que contar con un maestro que nos diga cuando nos estamos equivocando, que nos enseñe cuando no sabemos, y la mayoría de las veces no nos damos cuenta de esas cosas.

P.: ¿Son esas experiencias las que lo llevan a escribir ahora su libro «El poder de cambiarlo todo»?

Y.B.: Mi primer libro lo escribí a los 18 años, «El poder de cambiarlo todo» es sólo el más reciente. La mayoría de las veces que escribo hago como que traduzco lo que enseña la kabbalah, como si estuviera dando clases o como si estuviera aprendiendo. Existe hoy en el mundo, y lo veo también en la Argentina, un renovado interés por la kabbalah. Acaso esto se deba al caos que nos rodea. El mundo está llegando a un punto donde estamos comenzando a ver cosas que no habíamos visto nunca antes. Eso nos lleva a hacernos preguntas, y la kabbalah responde los porqué de la vida, nos ofrece respuestas.

P.: ¿Cómo definiría la Kabbalah?

Y.B.: No es fácil definirla de forma breve, se la relaciona, con la tradición, con la transmisión, con la espiritualidad. La kabbalah es sabiduría. Y sabiduría es poder comprender, ante situaciones que nos suceden, el cuadro completo, no un detalle momentáneo, comprenderlo dentro de nuestra existencia y así contener nuestra naturaleza reactiva. Es comprender por qué estamos aquí, en el mundo, y qué vinimos a hacer. Yo diría que está formada por tres grandes partes. La primera es de ayuda personal. La segunda tiene que ver con preguntas que uno se hace para encontrar respuestas. La última lleva a estudios más profundos, a las estructuras del universo y los diferentes niveles de energía.

P.: ¿Cómo surge la kabbalah?

Y.B.: El primer kabbalista fue el Rabi Simón ben Yohai que escribió hace 2000 años «El Zohar» (el «Libro del Esplendor») y en ese tiempo había kabbalistas judíos. En el siglo XIII el principal kabbalista fue un cristiano que tradujo «El Zohar» del arameo al latín. Y hasta el siglo XX ni siquiera había sido traducido al hebreo. Cuando se remonta al pasado de la kabbalah se va pasando de unos pocos kabbalistas en Israel a pequeños grupos de kabbalistas cristianos, y finalmente a los más modernos, a los del siglo XX. En la Universidad de Cambridge hay una copia de «El Zohar» de Newton, con notas escritas de su puño y letra. El estudio del Zohar nos puede ayudar, pero los kabbalistas han dicho que la sola energía que destila ese libro ya nos ayuda. No se va a encontrar un judío que no tenga la Toráh o un cristiano la Biblia porque le trae bendiciones a su casa. Los kabbalistas creen que tener «El Zohar» en casa trae bendiciones y leerlo nos puede ayudar a cambiar.

P.: ¿Sabe que en la Argentina un difusor, de un modo literario, de la kabbalah fue Jorge Luis Borges, que tuvo como maestros a Cansinos-Assens y a Gershom Scholem?

Y.B.: Sí... creo haber oído de él.

P.: Uno de sus libros se llama «El Aleph», donde explica que la kabbalah otorga gran importancia a lo que representan las letras, y a esa letra en especial.

P.: La kabbalah cree que existen energías y que las letras del arameo tienen un poder. En el primer libro de la kabbalah, el «Libro de la Formación», escrito por Abraham, se explica el poder que tiene cada letra.

P.: ¿Qué es El Árbol de la Vida, acaso el centro del libro «El Zohar», que se menciona como fundamental en la Kabbalah?

Y.B.: «El Árbol de la Vida» es la forma en que los kabbalistas han explicado la estructura del universo. En su diagrama tenemos tres niveles. Abajo está uno, Máljut, que es el mundo físico, el ámbito donde nosotros estamos. Los kabbalistas explican que para comprender realmente el mundo se deben comprender todos los niveles, los diez sefirots de El Árbol de la Vida, a partir de Máljut. Cuando se profundiza el estudio de kabbalah se llega al de El Árbol de la Vida. Para comprender realmente el mundo de Máljut, la raíz del árbol, éste mundo, hay que conocer el resto de los niveles.

P.: ¿De qué trata su nuevo libro?

Y.B.: En «El poder de cambiarlo todo» parto de las enseñanzas de esa antigua sabiduría judía, tomo distintos temas para expresarlos a partir de los principios de la kabbalah. Hablo de la responsabilidad y cómo podemos cambiar. Gran parte de los sistemas que existen en el mundo, que se supone que deberían ser sistemas que nos ayudan, a lo largo del tiempo se han visto corrompidos. ¿Cómo podemos cambiar eso para que vuelvan a funcionar? Como todos estamos conectados, nada externo a nosotros cambiará hasta tanto nosotros no cambiemos. Tendemos a querer cambiar el mundo para mejorar nuestras vidas. Pero tenemos que cambiar nosotros mismos para poder crear un mundo mejor. La paradoja es que cuanto más se quiere cambiar el mundo, más tiene que cambiar uno mismo. Y en eso ayuda la kabbalah.

P.: ¿De qué modo considera que se da eso?

Y.B.: Cuando nos suceden ciertas cosas, uno se pregunta: ¿por qué me pasa esto? La kabbalah enseña que ésa es una pregunta equivocada. Uno debe enfrentar lo que le sucede, se debe preguntar: ¿Qué puedo hacer ahora? Y asumir el criterio de responsabilidad. No es que nos hagamos responsables de todo, hay cosas que suceden porque suceden. Pero hay algo que podemos hacer al respecto. Ese es uno de los filtros a través de los cuales visualizamos la vida, de acuerdo con los principios de la kabbalah.

P.: ¿Qué pasa cuando artistas como Madonna, Demi Moore o Ashton Kutchner se acercan a estudiar kabbalah?

Y.B.: Es un desafío. Los medios nos ponen en su foco. El beneficio es que ayudan a que más personas conozcan y sepan de qué se trata la kabbalah. Se piensa que esa gente no toma la vida en serio, pero la kabbalah no es sólo para los serios, es para todos los que quieran estudiarla. Cuando Madonna comenzó, muchos pensaron que no se lo iba a tomar en serio y ha estudiado ya durante 12 años. Es que si no se lo toma en serio no se puede avanzar realmente. Además, viendo esos casos vemos que una persona exitosa no lo tiene todo, siempre siente que le falta algo, que su vida tiene un vacío. Y eso no es algo que se cubra con más trabajo o más dinero, es algo interno. En la kabbalah buscan descubrir las causas de ese vacío y transformarse. Pero, el estudio de la kabbalah, no es sólo para celebridades, para empresarios o para gente que tiene un nivel de conocimientos, hay una variedad de formas de enseñanza. En Panamá, por ejemplo, tenemos un grupo de maestros que van a enseñar en las cárceles.

Entrevista de Máximo Soto

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