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¿Yuan revaluado o Bretton Woods II?
Horacio Lachman (Economista)
El conflicto básico subsiste. EE.UU. y Europa denuncian a China de hacer la guerra monetaria no permitiendo que se revalúe el yuan, pero los emergentes apuntan sobre todo a EE.UU.
Si se sigue la curva del precio de las principales divisas en los últimos años y se las compara con la evolución del oro -que es la moneda de referencia universal- surge claramente el escenario de crisis monetaria. Todas las divisas caen frente al oro -reflejando el debilitamiento del sistema monetario internacional-, pero el dólar cae mucho más, porque ahí está el principal problema.
Por eso no parece razonable cuestionar el conjunto de medidas defensivas de los países para enfrentarse a los efectos de gigantesca emisión y sobreendeudamiento que llevó adelante EE.UU., aprovechándose del rol que el mundo le había asignado en el sistema monetario global.
Se habla cada vez más del peligro de que de la «guerra monetaria» se pase a una «guerra comercial», o sea una agresiva regulación del comercio internacional y políticas abiertamente proteccionistas para lograr mejorar los resultados del comercio exterior. Estas prácticas pueden llevar a la drástica caída del comercio internacional, al brusco descenso de la actividad económica y a una escalada de tensión política en el mundo.
Sin duda hay grandes peligros y precisamente por ello no puede pensarse en soluciones sencillas ni unilaterales. Cuando la crisis de las hipotecas subprime alcanzó un clímax en la segunda mitad de 2008, Francia y el grupo de los BRIC (Brasil, Rusia, la India y China) plantearon que la cumbre del G-20 en Washington a fines de ese año debía tener el objetivo de encarar un nuevo Bretton Woods, recordando el encuentro internacional de fines de la Segunda Guerra, que estableció los grandes lineamiento del actual sistema monetario internacional. Ya en 1971, cuando la Reserva Federal norteamericana dejó de reconocer una relación fija entre el dólar y el oro, el sistema monetario había quedado rengo. Pero por lo menos seguía siendo un sistema multilateral con eje en el dólar.
Sin embargo, cuando la crisis financiera dio paso a la recesión -cabe recordar que el PBI per cápita de los países avanzados cayó el 3,8% en 2009-, todos abandonaron la tarea de encarar las reformas profundas y volvieron a forzar los instrumentos monetarios para paliar el desempleo y sobre todo el derrumbe de los bancos.
Todos se dedicaron a tapar agujeros. Pero las goteras continuaron y el esfuerzo fiscal y la expansión monetaria generada por el salvataje dieron paso a la gigantesca crisis monetaria actual.
Una macrodevaluación del yuan como exigen EE.UU. y Europa puede alejar a los mercados de equilibrios razonables. Con los yuanes que emite su banco central, China podrá comprar el 20%, el 30% o el 40% más de soja o de cobre.
También podrán hacerlo con sus excedentes los empresarios chinos. ¿Después de la pérdida de las inversiones en dólares, no es razonable suponer que también se acelerará la diversificación de activos en el sector público y privado de China? Si los chinos, con una moneda fuertemente valorizada y castigados por haber confiado en el dólar salen a comprar masivamente oro, ¿a dónde se va su precio?
Y mientras China ajusta su cartera de activos, en ese nuevo escenario, ¿dónde se van a dirigir los grandes fondos de inversiones de todo el mundo para optimizar sus resultados, especialmente cuando Estados Unidos, Europa y Japón mantienen las tasas muy cerca de 0?
A comienzos de 2008, en pleno boom de los commodities, la FAO denunciaba que el valor de los alimentos estaba generando una dramática emergencia alimentaria internacional. ¿Con el impacto del súbito aumento de la capacidad de compra china sobre los precios del trigo y el maíz, ¿cómo van a comer los 1.500 millones de pobres del mundo que viven con unos pocos dólares diarios?
Enfrentar la crisis monetaria exige una arquitectura financiera muy compleja -un nuevo Bretton Woods, por lo menos- y si no hay decisión política de armarla, el futuro es realmente incierto.


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