Esta obra del artista alemán Gerhard Richter se vendió el mes pasado en 16 millones de dólares, cuatro veces más que en 2003 cuando se había pagado por ella 3,8 millones.
Con 500 millones de dólares en arte contemporáneo, febrero fue el termómetro del comportamiento del mercado ante la debacle financiera que sacude al mundo en este difícil año 2008. La mayoría de los grandes bancos han reconocido sus pérdidas por negocios de alto riesgo y las principales entidades bancarias han perdido hasta 40 por ciento de su valor en pocas semanas, las bolsas del mundo sólo registran pérdidas y la situación mundial es de las más frágiles de las que se tenga memoria.
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El mes pasado se ofrecían en Londres una cantidad enorme de lotes: 1.200 obras con estimaciones altísimas y el resultado de las ocho subastas era una apuesta arriesgada y difícil. Los compradores fueron de 58 países, cuando lo normal era que pujaran personas de 36 nacionalidades. Para algunos lotes hubo once apostadores y el porcentaje de ventas fue de 76 por ciento, con un volumen de 249,7 millones de libras esterlinas (el doble en dólares). Diez obras superaron los ocho millones de dólares y el promedio de venta fue de 600.000 dólares.
Algunas obras cuadruplicaron su precio en tan solo cinco años, como una que muestra una vela encendida realizada por el alemán Gerhard Richter, quien a los 75 años es considerado el artista más importante de la actualidad junto a Lucien Freud. Este cuadro fue vendido en Nueva York en 2003 en 3,8 millones de dólares y ahora fue revendida en 16 millones. De Francis Bacon, un tríptico de 1977 que se vendía en un millón de dólares hace 30 años en la galeria Malborough, se vendió en 53 millones de dólares, y por una de sus características y dramáticas figuras se pagaron 40 millones de dólares.
De nuestro rosarino Lucio Fontana se batieron todos los récords al venderse dos de sus típicos «Conciertos Espaciales» en 21 y 13 millones de dólares. Andy Warhol va camino a destronar a Pablo Picasso como la figura secular del mercado de arte. No hay techo para su cotización y el principal responsable es un coleccionista colombiano que atesora miles de sus obras y que cuida que ninguna se venda a bajo precio. El es quien compra o abastece inteligentemente al mercado y ha logrado que sus valores se multipliquen en la última década al punto de que los precios promedios hoy ronden los 20 millones de dólares por obras que hace 20 años valían sólo 5 por ciento de dicha suma.
El otro artista que está subiendo en forma geométrica su cotización es el americano radicado en Roma desde hace decadas Cy Twombly, sus obras se encuentran en las salas principales de todos los museos de arte moderno del mundo, como en Nueva York, la Modern Tate Gallery de Londres o en el Guggenheim de Bilbao que acaba de comprar en una fortuna 9 de sus obras (una de las cuales, llena de grafismos, fue pagada 8 millones de dólares) y prepara para septiembre una restrospectiva,
Se confirma así nuestra afirmación de que para papel pintado por gobiernos, la gente prefiere papel pintado por artistas, pero reiteramos nuestro temor porque los precios ya han dejado de ser razonables y aunque el número de compradores se ha triplicado en la última década, según estadísticas de las principales casas de subastas, la demanda tan fuerte será difícil de sostener.
Sin duda que el arte contemporáneo tiene grandes ventajas para el mercado porque garantiza que la demanda puede ser abastecida, cosa que no ocurre con el segmento de arte impresionista, donde son pocos los que quieren desprenderse de las obras y además es una oferta rígida ya que sus autores han fallecido. Aquellos artistas con una gran producción, como es el caso de Andy Warhol, tienen grandes posibilidades de ser las estrellas futuras del mercado. Como verá el lector, el concepto de escasez es ajeno al mercado de arte, únicamente se valorizan y crecen aquellos de quienes hay una gran cantidad de obras y con las cuales se puede saciar la sed de la demanda.
En este tema, como en tantos otros, la realidad de nuestro país debe ser calificada de surrealista, porque nada tiene que ver con lo que ocurre en el mundo. Nuestro arte y sus artistas contemporáneos, con excepción de una docena de autores, debe luchar día a día para subsistir en uno de los pocos mercados no regulados que hay en nuestro país.
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