Pero ahí, salvo plata, se encuentra de todo, desde el matricero orgulloso de su oficio, hasta la empleada que de noche hace horas extras en la ruta (a propósito, ¿por qué son tan agrias las prostitutas de las actuales películas argentinas?). Con una puesta algo teatral, pero de asunto llamativo, obreros e inspector acusan al patrón, éste a los supermercados, los bancos, y los abogados, y la película (dicho sea de paso, abiertamente auspiciada por un banco) dice lo suyo, que es dejar que cada uno hable y se comunique con el otro, si es que quiere y puede, antes que sea demasiado tarde. El final surge años después, con una semillita de sinceramiento y recuperación conjunta que casi parece el final de
Interesante, ésta es una de las pocas películas nacionales que intentan tratar la crisis del pequeño empresario, si bien el punto de vista de la obra no cubre, lógicamente, todos los ángulos del problema. Otros títulos señalables al respecto han sido
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