Boxeo y literatura: una relación que nunca cesa (29/12/05)

Espectáculos

Londres- Escritores de renombre internacional han estado atraídos por el combate profesional desde al menos 1.184 a.c,, el año del sitio de Troya, cuando Homero hizo un racconto, encuentro por encuentro, de un poderoso asalto entre Epeo y Eurialo. «Con guantes pendencieros que ahora cierran ferozmente», narró. «Sus resquebrajados rostros suenan con los golpes».

Algunos de los aficionados son previsibles. Ernest Hemingway escribía para vivir y peleaba por diversión. Uno de sus oponentes era el novelista canadiense Morley Callaghan, quien le rompió la cara a Hemingway después de que Scott Fitzgerald, el cronometrista, dejó que el asalto durara demasiado. Si bien parece haber sido un accidente, Hemingway nunca olvidó el percance y jamás perdonó a Fitzgerald. Hemingway también peleó con el poeta Ezra Pound y con Tom Heeney, quien combatió contra Gana Tunney por el título mundial en 1928. Su amor por el boxeo estaba casi a la altura de su fascinación por las corridas de toros, lo que resultó en un gran cuento corto titulado «Fifty Grand», una historia poderosa sobre un envejecido boxeador que sobrevive a un golpe bajo que casi le cuesta la pelea y gana su apuesta.

Otro fanático era Norman Mailer, un novelista tan competitivo en todas las áreas de la vida como Hemingway, cuyo libro «The Fight» sobre la pelea de 1974 entre Muhammad Ali y George Foreman llamada «Rumble in the Jungle» es un clásico del deporte. Mailer también se enfrentó casi seriamente con un campeón mundial, en su caso el campeón de los pesos semi pesados de los '60, José Torres.

Menos obviamente
Lord Byron, un nombre sinónimo de juventud condenada al romanticismo, era un apasionado por el boxeo. En medio de la escritura de sus épicas Don Juan y Childe Harold's Pilgrimage, Byron se hizo tiempo para combatir contra John Jackson, campeón mundial de los pesos pesados, a pesar del mundo severamente restringido de fines del siglo XVIII.

«Si la necesidad obliga a un hombre a ser un canalla, bien podría serlo científicamente», observó Byron.

El ensayista inglés
William Hazlitt participó en todas las facetas de la vida del siglo XIX, incluyendo la pelea entre Thomas (The Gasman) Hickman y Bill Neate. En la vívida prosa de Hazlitt, The Gasman era «liviano, vigoroso, elástico, a medida que se movía su espalda brillaba al sol como si fuera la piel de una pantera».

El boxeo y el béisbol, dos actividades aparentemente opuestas, atrajeron a los mejores escritores americanos de deportes, incluyendo a Ring Lardner, un contemporáneo y amigo de Fitzgerald, así como a su talentoso hijo John. Este último escribió uno de los mejores párrafos iniciales sobre boxeo y, en cualquier caso, sobre cualquier deporte. «Stantly Ketchel tenía 24 años de edad cuando recibió un disparo fatal en la espalda de parte del conviviente de la dama que le estaba haciendo el desayuno», narró.

• Corrupción

Después está Budd Schulberg, quien escribió «The Harder They Fall», una mordaz crítica de la corrupción en el boxeo profesional en el período durante el cual el deporte estaba efectivamente bajo el control de la mafia. La novela fue llevada al cine, dándole a Humphrey Bogart su último papel (el film, en el que un boxeador que traiciona a Bogart termina yendo a la Argentina, se llamó localmente «La caída de un ídolo»).

Schulberg
también escribió «On the Waterfront» o «Nido de ratas», haciendo que Marlon Brando, en su juventud magnética, diga su mejor línea. «Oh Charlie, oh Charlie ... no entiendes. Podría haber sido alguien, en vez de un vagabundo, que es lo que soy», le masculló Brando, interpretando al ex boxeador Terry Malloy, al hermano del pandillero que lo obligó a dejarse ganar.

Paul Gallico
, en su papel de columnista de deportes antes de convertirse en un novelista de best sellers, y George Plimpton, editor de la influyente revista literaria «Paris Review», ingresaron al ring para combatir contra campeones de sus respectivas épocas. Gallico peleó durante un round contra el campeón de los pesos pesados de los '20, Jack Dempsey, el de la famosa pelea con Luis Angel Firpo.

«Aprendí que así como el soldado nunca escucha la bala que lo mata, el boxeador también rara vez, si es que ocurre alguna vez, ve el golpe que deja caer un manto de oscuridad sobre él, haciendo como si la tapa de los sesos le explotara y le quitara los sentidos»,
recuerda.

Respuesta simpática

Inspirado por las expediciones de Gallico al periodismo participativo, Plimpton escribió libros sobre un intento aficionado de practicar deportes junto a los profesionales. Sus proezas en el boxeo devinieron en ingeniosas descripciones de los tres asaltos frente al algo perplejo Archie Moore, observados por, entre otros, el trompetista Miles Davis. Plimpton tenía como obstáculo una condición médica llamada «respuesta simpática». «Cuando recibo un golpe o cuando me vapulean un poco, lloro», escribió. «Es una reacción involuntaria: me brotan las lágrimas y no hay nada que pueda hacer salvo restregármelas con el puño».

Tal vez la escritura más sostenida sobre boxeo apareció en una serie de artículos de A.J. Liebling en la revista «New Yorker». Liebling rastreó la decadencia de Joe Louis y el ascenso de Rocky Marciano entre 1951 y 1956 en medio de coloridas e ingeniosas descripciones del público, los managers y los entrenadores.

Un extracto inicial, explicando que ver una pelea por televisión era un sustituto degradado del combate real, provee una idea de las habilidades de
Liebling: «Cuando veo una pelea, me gusta estudiar el problema de uno de los boxeadores, resolverlo y después comunicarle mi solución en voz alta», escribió Liebling. «Algunos pugilistas escuchan mejor y están más abiertos a los consejos que otros, por ejemplo Joe Louis de la época pre televisiva. 'Dale duro, Joe' le gritaba y tarde o temprano le daba duro al otro», agregó.

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