29 de diciembre 2005 - 00:00
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Marlon Brando en «Nido de ratas», el clásico de Elia Kazan escrito por Budd Schulberg; debajo, Humphrey Bogart en la que sería su última película, «La caída de un ídolo» (1957), donde interpreta a un manager arruinado.
El boxeo y el béisbol, dos actividades aparentemente opuestas, atrajeron a los mejores escritores americanos de deportes, incluyendo a Ring Lardner, un contemporáneo y amigo de Fitzgerald, así como a su talentoso hijo John. Este último escribió uno de los mejores párrafos iniciales sobre boxeo y, en cualquier caso, sobre cualquier deporte. «Stantly Ketchel tenía 24 años de edad cuando recibió un disparo fatal en la espalda de parte del conviviente de la dama que le estaba haciendo el desayuno», narró.
• Corrupción
Después está Budd Schulberg, quien escribió «The Harder They Fall», una mordaz crítica de la corrupción en el boxeo profesional en el período durante el cual el deporte estaba efectivamente bajo el control de la mafia. La novela fue llevada al cine, dándole a Humphrey Bogart su último papel (el film, en el que un boxeador que traiciona a Bogart termina yendo a la Argentina, se llamó localmente «La caída de un ídolo»).
Schulberg también escribió «On the Waterfront» o «Nido de ratas», haciendo que Marlon Brando, en su juventud magnética, diga su mejor línea. «Oh Charlie, oh Charlie ... no entiendes. Podría haber sido alguien, en vez de un vagabundo, que es lo que soy», le masculló Brando, interpretando al ex boxeador Terry Malloy, al hermano del pandillero que lo obligó a dejarse ganar.
Paul Gallico, en su papel de columnista de deportes antes de convertirse en un novelista de best sellers, y George Plimpton, editor de la influyente revista literaria «Paris Review», ingresaron al ring para combatir contra campeones de sus respectivas épocas. Gallico peleó durante un round contra el campeón de los pesos pesados de los '20, Jack Dempsey, el de la famosa pelea con Luis Angel Firpo.
«Aprendí que así como el soldado nunca escucha la bala que lo mata, el boxeador también rara vez, si es que ocurre alguna vez, ve el golpe que deja caer un manto de oscuridad sobre él, haciendo como si la tapa de los sesos le explotara y le quitara los sentidos», recuerda.
• Respuesta simpática
Inspirado por las expediciones de Gallico al periodismo participativo, Plimpton escribió libros sobre un intento aficionado de practicar deportes junto a los profesionales. Sus proezas en el boxeo devinieron en ingeniosas descripciones de los tres asaltos frente al algo perplejo Archie Moore, observados por, entre otros, el trompetista Miles Davis. Plimpton tenía como obstáculo una condición médica llamada «respuesta simpática». «Cuando recibo un golpe o cuando me vapulean un poco, lloro», escribió. «Es una reacción involuntaria: me brotan las lágrimas y no hay nada que pueda hacer salvo restregármelas con el puño».
Tal vez la escritura más sostenida sobre boxeo apareció en una serie de artículos de A.J. Liebling en la revista «New Yorker». Liebling rastreó la decadencia de Joe Louis y el ascenso de Rocky Marciano entre 1951 y 1956 en medio de coloridas e ingeniosas descripciones del público, los managers y los entrenadores.
Un extracto inicial, explicando que ver una pelea por televisión era un sustituto degradado del combate real, provee una idea de las habilidades de Liebling: «Cuando veo una pelea, me gusta estudiar el problema de uno de los boxeadores, resolverlo y después comunicarle mi solución en voz alta», escribió Liebling. «Algunos pugilistas escuchan mejor y están más abiertos a los consejos que otros, por ejemplo Joe Louis de la época pre televisiva. 'Dale duro, Joe' le gritaba y tarde o temprano le daba duro al otro», agregó.




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