Nueva York (AFP) - «El rey está muerto, viva el rey», escribió en un papel un hombre perdido en la multitud que acudió ayer a dar el último adiós a James Brown, fallecido el lunes, día de Navidad.
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Frente al teatro Apolo, la muchedumbre se apiñó horas antes de la apertura de la sala de conciertos, donde los restos del cantante, serían expuestos al público. El homenaje buscaba ser digno de la leyenda. El mítico teatro, que hasta ahora nunca había albergado el velorio de ninguno de sus artistas, tenía previsto abrir sus puertas a media jornada, luego de que el cortejo funerario -una carroza blanca tirada por dos caballos blancos- atravesara el barrio.
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