Cannes hace pie en Buenos Aires mediante un acuerdo conjunto

Espectáculos

Roma - El roof garden en el octavo piso del hotel Bernini en Roma, sobre la Piazza Barberini y la Fuente de los Tritones, es un hervidero de gente durante los primeros días del Festival Internacional de Cine de Roma (la nueva llegada al poder de Silvio Berlusconi provocó varios cambios, incluyendo hasta la denominación del acontecimiento: ya no es más, como hasta el año pasado, la «Festa», sino el «Festival » romano). Allí se reúnen, durante esas afiebradas primeras jornadas, los representantes del mercado del film.

Entre ellos reluce la figura de Jerome Paillard, director general del Mercado del Cine más importante del mundo, el de Cannes. Paillard viajó por menos de un día a Roma con una única finalidad: terminar de definir el acuerdo que unirá, a partir del año próximo, a Buenos Aires con Cannes, en el lanzamiento de un nuevo mercado mundial cuya firma se producirá en las próximas semanas, y que -en principio- sería anunciada por la presidente del Incaa, Liliana Mazure, durante la realización del Festival de Mar del Plata, o algunos días después de su clausura.

La novedad, sobre la que la delegación oficial argentina en Roma no quiso revelar detalles, trascendió por boca del mismo Paillard, quien durante su paso por el Bernini ya no la ocultaba, sino que por el contrario buscaba la respuesta y el consenso de algunos referentes clave de la industria del cine en Europa también presentes en el encuentro. La gestación de este idea, impulsada por la gestión Mazure tras la búsqueda de Cannes de consolidar un nuevo polo de mercado para el cine, diferente en geografía, y a seis meses calendario de la realización del festival francés, data de aproximadamente tres meses, aunque se consolidó con firmeza en los últimos días.

A partir de los datos que pudieron reunirse, el encuentro argentino se llamará «Marché du Film-Mercado del Cine», y llevará conjuntamente el tradicional logo de la Palma de Cannes con el de «Cine Argentino». Tendrá una duración de días, se celebrará cada noviembre durante al menos cinco años, y su base de operaciones serán las instalaciones de las ex grandes tiendas Harrods, sobre la calle Florida. Eventualmente, se utilizará también el Centro Cultural Borges para desarrollar actividades paralelas, y la intención de Paillard es la de «engalanar» Buenos Aires con banners del encuentro para obtener una mayor repercusión de imagen. El cálculo es que, como piso, concurran a Buenos Aires durante esos tres días al menos 200 representantes acreditados del mercado del cine mundial.

La elección de Buenos Aires tiene razones de tipo estratégico para Europa, y que desde luego producirán, de acuerdo con la eficacia que logre este nuevo mercado, efectos beneficiosos para América Latina. Los productores y distribuidores europeos, desde hace ya algunos años, están sumamente disconformes con el que hasta no hace demasiado tiempo era el mercado que sentaba las reglas del juego: el American Film Market (AFM), que se celebraba anualmente en febrero en Los Angeles, y que prácticamente regía durante el resto del año los planes de distribución, comercialización y acuerdos de casi todos los territorios. Así, no había productor o distribuidor de cine que se pudiera dar el lujo de concurrir al AFM sin arriesgar sus planes y negocios.

Además de los otros dos grandes mercados del mundo, los correspondientes a los festivales de Berlín y Cannes, Europa contaba con otra enorme convención anual de la industria audiovisual, que era el Mifed de Milán, que se celebraba en noviembre. El AFM, en una movida hostil a partir de la crisis del sector a mediados de los 90, decidió mudarse también a noviembre.En poco tiempo, los referentes más importantes del cine dejaron de concurrir al Mifed, que terminó muriendo. Pero Europa, no mucho después, empezaría a rasgarse las vestiduras: se fue dando cuenta de que el AFM no era conveniente para sus metas y su estilo de negocios, y que sólo beneficiaba a los norteamericanos. Esa tendencia se fue agravando con el paso del tiempo, y hoy una distribuidora top como la italiana Adriana Chiesa dice: « Estoy convencida de que cada vez será menor la presencia europea en el American Film Market. La última edición sólo le dio preponderancia al material para televisión, medios electrónicos y otras formas audiovisuales, y muy poco al cine. Además, la calidad media del producto en oferta era deprimente».

Aunque el acuerdo Cannes-Buenos Aires preceda en algunos meses a la crisis económica mundial y el crack de Wall Street, no es imposible que su explosión pueda haber acelerado los planes. La intención de la comunidad europea es que el mercado del cine sostenga al menos cuatro grandes acontecimientos mundiales para mantenerlo vivo y con continuidad: de acuerdo con este diseño, en febrero tendría lugar Berlín, en mayo Cannes, en agosto Toronto (otro festival mundial cuyo mercado creció de manera sostenida, y que le restó concurrentes al mucho más flojo festival de Venecia), y en noviembre Buenos Aires. No queda claro, en principio, si su realización beneficiará o afectará al festival de Mar del Plata, que desde que se mudó a noviembre a partir de este año se encimaría, a partir del año que viene, con el mercado porteño que acentuará, por supuesto, los negocios en la órbita de toda América latina.

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