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16 de noviembre 2006 - 00:00

"Chicha tu madre"

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Jean-Pierre Reguerraz compone deliciosamente a un Menotti de segunda en el atractivo film peruano-argentino «Chicha tu madre», sobre chantas y buscas bien pintados y bien actuados.
«Chicha tu madre» ( Perú- Argentina, 2006, habl. en español).Dir.: G. Quattrini. Guión: G. Quattrini, Ch. Vázquez. Int.: J. Aranda, T. Rodríguez, J.P. Reguerraz, P. Brichta, T. Espinoza, M. Valencia, N. Bermejo, L. Mas, K. Dejo.

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Interesante cuadro de picaresca sudaca, bien pintado, bien actuado, y (aunque duela un poco) bien creíble, «Chicha tu madre» es una coproducción peruano-argentina que deja a todos sus personajes afectuosamente en evidencia: chantas queribles, buscas que salvan el día aunque les pierdan el respeto, falsos amigos capaces de sentimientos verdaderos, e incluso, a veces, también capaces de entregas verdaderas. Esto último, claro, en cómodas cuotas, y con precio a convenir.

Al personaje protagónico, cuando nació, le pusieron Julio César y, por supuesto, siempre se quedó por debajo de su nombre. El es apenas un simple y sufrido taxista que diariamente recorre media Lima (barrios lindos y de los otros) ilusionado en progresar gracias al tarot, y desilusionado con la hija que se quedó embarazada, la mujer que lo reta, y el club de sus amores, que anda de mal en peor, y eso que tiene un director técnico argentino.

Por supuesto, el hombre también disfruta algunos consuelos, sobre todo gracias a las manos y otras partes de una dulce masajista que lo tiene de cliente. Y que también sufre y sueña lo suyo.

La gran salida para ambos viene a través del yerno del DT, que propone una rarísima salida a la crisis de varios: nada menos que organizar un tour de peruanos enfermos, para tratarse en hospitales públicos argentinos. Para nosotros el asunto suena imposible, así que conviene saber que se inspira en hechos reales. Estas cosas pasan, como pasan otras cuantas, entre pintorescas e inquietantes, que acá se muestran, casi siempre, en tono risueño.

El título, digamos que se emparenta con los calificativos locales grasún y villero, en lo que éstos representan a nivel social, estético, y de lucha por la vida. Podría traducirse, por ejemplo, como «Villera será tu vieja», pero el asunto tiene otros matices, un poco más amables. No corresponde contar más, excepto que apenas termina la película ya dan ganas de ver una segunda parte, y que el autor es Gianfranco Quattrini, el de «Alma Zen» (de «Historias breves II», 1996) y «La semilla» (primer premio Telefé Cortos), amén de varios videoclips de Vicentico, Spinetta, Catupecu Machu y Divididos, y codirector de «Bosques», reciente primer premio de Saladillo, un hombre de comprobado estilo popular.

Con él se lucen muy bien Jesús Aranda (hasta ahora visto sólo en papeles de reparto), una linda criollita de nombre Tula Rodríguez, muy popular en aquellos lares con «Vírgenes de la cumbia» y otros programas televisivos, y Jean-Pierre Reguerraz, que compone deliciosamente un Menotti de segunda selección, por no decir de cuarta, que a él le sale de primera. A su personaje también le mencionan la madre, pero con otras palabras.

P.S.

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