ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

14 de noviembre 2006 - 00:00

Con "Divididos acústico" se agitó La Trastienda

ver más
Ricardo Mollo y su trío juntaron a un público tranquilo y a los que querían saltar, cosa que hicieron al final, cuando ya fue imposible hacer cumplir, incluso, la prohibición de fumar.
«Divididos acústico». R. Mollo en voz y guitarra, D. Arnedo en bajo y C. Ciaravella en batería. (La Trastienda, 8 y 9 de noviembre.)

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Como si se tratara de esperados superclásicos, el power trío Divididos, realiza cada año un par de shows acústicos que sus seguidores, sobre todo los de hace 20 años, agradecen. Siempre cuentan con una primera parte rica en percusión, cuerdas y la voz de Ricardo Mollo como un instrumento más, y una segunda parte que reedita la enorme potencia de este trío.

El público que asiste a La Trastienda, con mesas para tomar cómodamente una copa, y deleitarse con las versiones acústicas de los temas más pesados del rock nacional, convive con aquellos incondicionales que necesitan el pogo, el grito constante, el aplauso en cada apertura. Así, coexistieron los «tranquilos» que sólo se animaron a saltar un poco al final y aquellos que esperaron todo el show justamente para descontrolar del todo, ya que venían «agitando» de parados desde el comienzo.

«La ñapi de mamá» tuvo su versión acústica con lucimiento de percusión y guitarras criollas, pero después llegó la versión eléctrica, abriendo la segunda parte. Pasaron «Qué tal», «La rubia tarada» o «Silver moon» en obligado e infaltable homenaje a Sumo, y la dedicatoria de siempre «a Luca (Prodan) que lo mira desde el cielo».

Con «Voodoo child» de Jimi Hendrix superaron la versión del virtuoso guitarrista, más allá de que Mollo haya tocado el solo de guitarra con una zapatilla. En ese tema no puede soslayarse la batería de Ciaravella, que tuvo su climax justo antes de que se le escapara uno de los palillos, tras tanta fuerza y entrega. No los necesitó sin embargo para cerrar su momento tocando la batería con las palmas de sus manos. Sublime.

La segunda dedicatoria fue para otro que lo mira desde el cielo, el maestro «Pepe Lui». También tocaron «Narigón del siglo», y el cierre fue con «Ala delta», con más protagonismo de la batería que del característico bajo de Arnedo en este tema.

El descontrol contenido durante todo el show llegó con «El 38», aunque no era lo único «contenido». A los carteles de «Prohibido fumar» se sumaron guardias que señalaban con láser a aquel que encontraran encendiendo un cigarrillo. Pero como todo «salió afuera» en «El 38», también lo hicieron los cigarrillos que fueron ya difíciles de controlar a poco del cierre. Justo en la Trastienda, de Jorge Telerman.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias