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17 de mayo 2007 - 00:00

"Condimentos para el amor"

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La bellísima Aishwarya Rai es la joven india que cura cualquier cosa combinando especias hasta que se enamora, en un film aún más desbordante de almíbar que el más empalagoso programa femenino de cable.
«Condimentos para el amor» (The Mistress of Spices, EE.UU.-G. Bretaña, 2005, habl. en inglés). Dir.: P.M. Bergés. Guión: G. Chadha, P.M. Bergés. Int.: A. Rai, D. McDermott, A. Dharker, N.C. Ganatra, S.G. Dulay.

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Comino, cúrcuma, jengibre, coriandro, azafrán, canela, clavo de olor, menta, laurel, nuez moscada, cilantro, la comida hindú se condimenta con tanta variedad de especias que su sola enumeración ya predispone el paladar. Esta película las pone todas sobre la mesa. Pero tiene también un condimento, que debe usarse muy moderadamente, y aquí sobresale en demasía: la miel.

Se trata de una fábula romántica, sobre una joven hindú consagrada a algo así como el culto de las especies para ayudar a los necesitados de amor de San Francisco, que entra en dulce conflicto cuando en su corazón penetra la tentación del romance con alguien ajeno a sus tradiciones. Ya antes de conocer al sujeto en cuestión (un tonto que mejor perderlo que encontrarlo) la película empieza a exagerar sus gotas de miel. No son gotas, son cucharadas. No son cucharadas, son baldes chorreando desde lo alto de la sala del cine, empapando a los espectadores, curándoles el resfrío, haciéndolos resbalar por el piso, apenas tratan de escaparse un poco. Cosa semejante no se ha visto ni en los más empalagosos programas femeninos de cable, de esos donde se dan mágicos consejos «que no te los podés perder», ensalzando las virtudes místicas de cualquier pavada.

En fin, la protagonista Aishwarya Rai es linda de ver, en cada escena con un sari distinto, toda producida hasta para moler pimienta en la trastienda, pero es de las que entran en la categoría «se mira y no se toca». O se toca muy poco, suavemente, y recién cuando el héroe americano la ha convencido de dejarse llevar por el libre albedrío y no por el mandato de las especias y del fantasma de una vieja con voz de fantasma de vieja. Realismo mágico, que le dicen, pero que, por razones culturales, religiosas, de mercado, y para que no se le corra el maquillaje, no llega hasta el beso en la boca. Hay un momento distinto, sin embargo, cuando un paisano taxista vuelve a casa con una herida en el rostro, tras haber sido asaltado. El médico (otro paisano, que trabaja en negro) comenta «Estas cosas no las cuentan en sus cartas, cuando mandan dinero a la familia». Es como encontrar una abeja ahogada en la miel, y agradecer.

P.S.

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