Melero y Tuñón: música que resuena a pandemia

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Aunque preparado antes de la aparición del coronavirus, los artistas reconocen que su estilo nocturnal, sombrío, es exacto para este momento.

“Hace mucho leí una entrevista al director de ‘Z’ y ‘Estado de sitio’, Costa-Gavras, que me influyó. Decía: ‘El arte no tiene por qué ser lindo’”. Daniel Melero, pionero del tecno argentino con el grupo Los Encargados (tenían una versión de “La Balsa” de Los Gatos, pero en estilo electrónico), asegura que su nuevo disco en colaboración con Diego Tuñón, el tecladista de Babasónicos, tiene momentos fantasmales, pero que empezó a hacerse mucho tiempo antes de la cuarentena pandémica. “De todos modos la música tiene las circunstancias de quien la escucha, y ya varias personas me han dicho que les parece que es la música exacta para el momento que están viviendo”.

El disco “La ruta del opio” acaba de ser lanzado en plataformas digitales y en vinilo a través de Bultaco Discos, subsidiaria del sello Babasónicos y la discográfica Leader, “la misma de Los Palmeras” agrega Tuñón, que se muestra feliz al saber que en pocos días los vinilos empezaron a agotarse. En diálogo con este diario ambos músicos hablaron de su primer álbum en colaboración, de su larga relación como amigos y maestro-discípulo, y de su experiencia actual haciendo música sin shows.

“A Diego lo conocí casi accidentalmente cuando él tenía 9 años y yo 19” cuenta Melero, quien además de sus trabajos solistas produjo a cientos de artistas de rock nacionales, entre ellos Soda Stereo y Victoria Mil, y por supuesto también Babasónicos. “Estaba hace mucho en la casa de un amigo con el que me juntaba a escuchar discos, cosa que sigo haciendo, o mejor dicho, solía seguir haciendo hasta que nos interrumpió la cuarentena, y un día de golpe apareció un primo de mi amigo con un amigo, el niño Tuñón. Aparecieron de la nada en un instante, pero me acuerdo que me llamó la atención que mirara todo como si acabara de aterrizar de Venus. Luego, con el tiempo, el mismo chico empezó a aparecer en los primeros shows de Los Encargados, y descubrí que miraba todo raro porque era daltónico, Y más tarde vi que era un talento interesante, al punto de que lo invitamos a participar, junto a Gustavo Cerati, en mi disco “Cámara”. Tuñón estaba a punto de irse a Londres junto con Adrián, el cantante de Babasónicos, y sin embargo escuchó un par de temas de ese disco y se vino a producirlo a Los Angeles con Gustavo y conmigo”.

Tuñón, por su parte, confirma que realmente es daltónico (“tal vez sea algo psicológico, nunca lo supe bien”, dice) pero también que cuando iba a lo de su amigo miraba todo atentamente porque “tenían unos discos buenísimos, fumaban y había chicas lindas”. A lo largo de la charla da a entender que, en su carrera, Melero fue su maestro, algo para él muy importante porque nunca le interesó una formación académica musical de conservatorio, sino intuitiva.

“Los músicos académicos se rigen por leyes antiguas, a mí sólo me interesó la matemática de la música, ya que sin ella no existirían los secuenciadores de los teclados en los que se basa mi carrera”, agrega. “Pero en la época en que empezamos con ‘La ruta del opio’ yo estaba estudiando piano, y le mandaba videos de una gira con Babasónicos a Melero para que los usara como demos. El usaba partes minúsculas de esos fragmentos creo que para darme seguridad, yo pensaba que lo que tocaba en el piano era tan desastroso que necesariamente tenía que ser interesante”.

“Es que Diego es tan poco profesional en el piano que nunca podría llegar a tocar dos veces una de sus composiciones de la misma manera” reafirma Melero. “Yo empecé a escuchar lo que tocaba en el piano y entendí que había que poner el micrófono en lugares raros, por ejemplo en la banqueta del piano, de donde salen sonidos involuntarios pero que también forman parte de la performance. También junto a mi mujer, Mónica, llegamos a la conclusión de que Diego tiene una especie de daltonismo en su manera de escuchar, y que es lo interesante de captar en una grabación”.

Esta y otras anécdotas por el estilo forman parte de los seis años de experimentación que llevaron a este disco terminado, experimental y básicamente instrumental, aunque culmina en una canción-poema nocturnal, “Los seis”, que habla de una “capital del insomnio donde todos simulan dormir”. Según Melero, “esa fue una de las primeras canciones con la que empezamos a hacer el disco, pero no la sabíamos terminar. Finalmente le dimos una solución extraña y sólo quedó el recuerdo, o la ausencia de la primera versión”.

Según Tuñón “la canción viene de la primera vez que me encontré soltero en Buenos Aires, y descubrí que las cosas mas asombrosas podrían pasar un lunes a las 5 AM”. Entendiendo que ambos músicos aceptan que el disco parece hecho para la cuarentena, aunque lo grabaron antes, le preguntamos como es ser músico y no poder dar conciertos en vivo por la pandemia.

Melero asegura que “no extraño tanto al público como a los estudios. Puede pasarme sin público, pero a esta altura de mi vida es el estudio, y no se compara con lo que puedo hacer en mi casa con la computadora. Necesito trabajar con otra gente en el estudio, no yo solo encerrado. Podría decir que lo que extraño es contagiarme”.

En cambio la respuesta de Tuñón sorprende: ”Amo tocar en shows, pero eso significa giras interminables en las que uno se pasa la mayor parte del tiempo de un lado al otro en una combi. Por eso, aunque parezca raro, estar encerrado me está haciendo bien. Lo que no quita que ni bien termine esté en el acto arriba de un avión”.

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