Una escena de
«Herr Klement»
(inspirado en
Adolf Eichmann),
que junto a
«Todos los judíos
fuera de Europa»
y «Edgardo
practica, Cósima
hace magia»
conforman la
trilogía de
Patricia Suárez y
Leonel
Giacometto.
«Trilogía del nazismo» («Todos los judíos fuera de Europa» de L. Giacometto; «Herr Klement» de P. Suárez y L. Giacometto; «Edgardo practica, Cósima hace magia» de P. Suárez). Dir.: A. Ullúa. Int.: S. Pasik, R. Lamm, J.M. López, A. Gleijer y otros. Vest.: C. Gianotti. Luces: M. Pastorino. Mús.: S. Vainikoff. (Teatro del Artefacto.)
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En su «Trilogía del nazismo», Patricia Suárez y Leonel Giacometto dejaron de lado los costados más escabrosos de la era nazi para adentrarse, sin prejuicios, en la cotidianeidad de una serie de personajes que representan -a veces en forma siniestra otras con cierto humor negro- distintos aspectos de una misma pesadilla.
«Todos los judíos fuera de Europa» de Giacometto muestra a un bien intencionado profesor alemán -notable labor de Salo Pasik- que al ser trasladado a Polonia, toma por escribiente a un joven judío (prisionero de un campo de concentración) sin prever las consecuencias que le acarreará ese gesto. El hombre odia la guerra, desprecia las peroratas de Hitler y prefiere ignorar que la casa donde se aloja le fue expropiada a un colega de origen judío. Pero a la vez se ocupa de que su nuevo empleado sea tratado cordialmente, como uno más de la casa. Decisión que provoca la ira de su ama de llaves, declarada filonazi.
Ansioso por volver a los claustros universitarios, el profesor intenta cumplir con rapidez y eficiencia la tarea que le encomendó el gobierno alemán: planificar el traslado de todos los judíos europeos a la isla de Madagascar. Un proyecto que él mismo defiende neciamente ante el joven judío, sin reparar en la tragedia que se avecina para ambos.
La pieza avanza con un rigor implacable mientras detalla, muy sutilmente, las profundas contradicciones de su protagonista. «Herr Klement» -de autoría compartida- toma a un personaje real, el criminal nazi Adolf Eichmann, descubierto por agentes del Mossad en la Provincia de Buenos Aires en 1960, donde se ocultaba con una identidad falsa. La acción transcurre en los tres primeros días de cautiverio, poco antes de su traslado a Jerusalén, donde finalmente será ejecutado tras un rápido juicio. Al comienzo de la obra el prisionero asume el rol de víctima, pero luego irá evidenciando su perversa ideología. En cambio, los integrantes del servicio secreto israelí se verán sacudidos por una mezcla de odio, piedad, temor, culpa, repulsión y venganza.
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