Los medios digitales poseen una característica que sus contrapartes físicas son incapaces de duplicar: su ductilidad en la reproducción de sus contenidos.
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Y justamente esos contenidos, de todo tipo, parecen ser uno de los campos que se disputarán en el futuro varias compañías de peso.
Obviamente, la digitalización de contenidos y su difusión a través de Internet no es una empresa altruística: para dar un ejemplo, el proyecto de escaneo de libros lanzado por Google responde a la estrategia de dotar al buscador con material único, lo que su vez redundará en un mayor tráfico por el sitio y permitirá expandir su «red de publicidad» que, en los primeros nueve meses de este año, reportaron utilidades por más de 2.000 millones de dólares.
Este simple dato permite entrever claramente que el «acceso gratuito» a los contenidos es una fantasía largamente extendida antes que una realidad. Los medios digitales necesitan de su supuesta gratuidad para seducir a sus eventuales usuarios ya que es muy difícil lograr que, a valores similares, los consumidores elijan algo tan intangible como el «acceso» a determinados contenidos antes que los mismos sobre un formato sólido (léase libro, disco, revista, etc.).
Ese panorama podría modificarse en el transcurso de algunas generaciones, pero la realidad señala hoy un escaso crecimiento de los servicios de bajado de películas a través de Internet contra un sólido mercado de comercialización de discos ópticos, y de hecho, pese a los acuerdos que han realizado este año, los estudios siguen añorando el reemplazo físico del DVD tradicional (sea el HD DVD o el Blu-ray) antes que mejoras en la utilización de la red de redes como vehículo de comercialización de sus productos.
Otro tema a tener en cuenta es el que se refiere al copyright. En épocas en que la reproducción dependía de la posesión de una determinada tecnología no masiva, el control era medianamente posible y el derecho de un autor intelectual era más o menos resguardado. Con la variedad de medios actuales y los accesos posibles, ese resguardo ha caducado. Este hecho, aplicable a toda la «industria cultural», deberá llevar a replantear este tópico también, ya que actualmente el control es una quimera imposible. Así, resulta interesante señalar que cuando los productos originales reducen sus precios, esto inmediatamente repercute de manera similar en su competencia ilegal. Es un dato a tener en cuenta de cara a los desafíos del futuro.
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