El retrato de
«Adele
Bauer II»,
vendido en
Nueva York al
récord en
venta pública
de u$s 87,9
millones, un
ejemplo del
gran
momento
que vive el
mercado
internacional,
casi un calco
de lo que
ocurrió en la
década
pasada.
Este año repite el mayor momento del mercado que se dio en 1990. En aquellos tiempos el motor fueron los inversores japoneses que se endeudaron con los bancos y compraron en altos precios pinturas impresionistas, especulando con una suba sostenida que no ocurrió. También se equivocaron los árabes, que con gran liquidez, compraban lo que se les presentaba, ya fueran pinturas orientales o bien joyerías enteras, hoteles o aerolíneas y tampoco les fue bien.
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¿Quiénes son hoy los activos compradores que están haciendo subir los precios? Los rusos ya suman 800.000 millonarios; algunos compran equipos de fútbol, otros futbolistas, otros barcos y hasta hacen desarrollos urbanos en Puerto Madero. En China hay 400.000 grandes fortunas; no son adictos al arte occidental, pero sí a sus propios artistas, que están tratando de hacer conocer en Occidente, ofreciendo sus obras con facilidades para ser expuestas en cualquier parte del mundo. Algunas, incluso, pueden llegar al Río de la Plata. Aquellos con intereses en petróleo han visto triplicados sus activos, y comprar arte es una buena diversificación de sus inversiones.
Resumiendo, hay mucha liquidez en el mundo y pocas inversiones atractivas, y las que lo son, a veces son muy riesgosas.
El coleccionar o poseer arte da prestigio, aquellos que tienen algunas obras de calidad son aceptados fácilmente en los círculos mal llamados aristocráticos, pero que significan una mejora social no sólo para el poseedor de las obras sino también para su familia. No basta con comprarse zapatos de 5.000 dólares, dormir en suites de hotel de 10.000 o gastarse 40 millones de dólares en una fiesta de casamiento; hay que ingresar a la alta sociedad que suele rechazar a los «nuevos ricos».
Presentación
El coleccionar arte es una buena tarjeta de presentación y muchos están buscando, calladamente y sin confesarlo, «pertenecer a ese mundo idílico». Los actores famosos de Hollywood pueden ganar 20 millones en cada película, pero quieren ser reconocidos como coleccionistas, por eso muchos de ellos son activos compradores. Sin duda hay una búsqueda de fama mediática, que se hace patente cuando operaciones que deberían ser privadas se hacen públicas.
Los grandes coleccionistas nunca informan de sus compras, pero otros van a las salas de subasta y son ellos los que suben la paleta haciendo sus compras para que todos se enteren de que ellos son los compradores. Algunos precios, parecen hasta «inmorales», pero no es fácil pronosticar una meseta de precios en el mercado internacional,
En tres días de ventas en Nueva york se vendieron mas de mil millones de dólares, y las dos principales casas de subastas verán aumentado su volumen de ventas en mas de 40 por ciento, aunque conseguir buenas obras para vender es hoy su gran problema. El mercado demanda y la oferta se retrae.
Todo este panorama es ajeno a nuestro país, donde los precios y las operaciones han crecido posiblemente un tercio, pero los precios siguen siendo del tercer mundo. Hoy hacer una gran colección en el hemisferio norte significa tener 200 millones de dólares y acá, el intendente de Tigre Ricardo Ubieto, por ejemplo, ha realizado una gran colección de 165 obras de lo mejor del arte de los argentinos con tan sólo dos, es decir con uno por ciento.
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