29 de marzo 2006 - 00:00

"El oficio de clown es la mejor base para un actor"

Tony Lestingi:«Nadie esbuen actorporque ‘digabien’ o tengalinda voz,sino porquereabsorbetodo lo quegenera a sualrededorparaexpresarlo».
Tony Lestingi: «Nadie es buen actor porque ‘diga bien’ o tenga linda voz, sino porque reabsorbe todo lo que genera a su alrededor para expresarlo».
El actor y director Tony Lestingi acaba de estrenar en el Teatro El Piccolino (Fitz Roy 2056). «Caramelos para el viaje», una obra escrita por Graciela Sverdlick, interpretada por Natacha Córdoba y Julio Feld, y codirigida por Néstor Sánchez. «Es una obra que habla del deseo, la represión y la libertad a través de dos personajes que se conocen en un micro de larga distancia», dice, y agrega que el humor que recorre la obra tiene mucho de clown, técnica que cultiva desde sus inicios como actor.

Lestingi
fue uno de los fundadores de La Banda de la Risa, junto a Claudio Gallardou, y años más tarde dio vida a otros payasos, como el dúo que integró con Mauricio Dayub en «A lo loco» (1993), dirigido por Francisco Javier.

Ultimamente se lo vio en «La resistible ascensión de Arturo Ui» en el Teatro San Martín, con dirección de Robert Sturua, y en varias películas, entre ellas, «Tiempo de valientes» de Damián Szifrón e «Iluminados por el fuego» de Tristán Bauer. Según aclara, su trayectoria en cine, teatro y televisión («como actor serio») no ha obstaculizado su gran pasión por el payaso criollo y la técnica de clown.

Periodista:
¿De qué trata «Caramelos para el viaje»?

Tony Lestingi: Son dos personajes que viajan en micro a San Clemente del Tuyú. En realidad viajan para huir de lo cotidiano y generar algún tipo de cambio en sus vidas. Ella es abogada y está por casarse. Viaja a entregar las participaciones de casamiento a unas tías suyas que viven allá. Su compañero de asiento es un «recreólogo», de esos que coordinan grupos de juegos, y va contratado a San Clemente a animar una fiestita. Ella parece muy segura, pero en realidad vive agobiada por las exigencias de triunfo que impone la sociedad. El está harto de lo que hace y quizá logre salir de ese rincón sumiso que le imponen y acepta. Los dos tendrán que aprender a aceptarse como son y a hacer lo que realmente desean.

P.:
Conociéndolo, también tendrá humor...

T.L.: Todo lo que usted vea de payasesco en la puesta es responsabilidad mía. Yo me identifico mucho con el payaso de circo argentino. El término clown es una especificación, es el «payaso para teatro». Lo que pasa es que nosotros, con La Banda de la risa, nos metimos a trabajar dentro de un circo e incorporamos todas las rutinas -cachetadas y cosas por el estilo- y luego hicimos una mixtura con lo que habíamos aprendido de técnica Lecoq con Cristina Moreira. Un buen ejemplo de ello fue «Los Faustos, o Rajemos que viene Mefisto» que presentamos en el Cervantes con dirección de Francisco Javier en 1989
.

P.:
¿Por qué prefiere formar payasos en lugar de actores?

T.L.: No me interesa enseñar teatro. Creo que hay una mala comprensión del teatro stanislavskiano que es tan para adentro que la gente no se entera de lo que le pasa al actor. El actor es un comunicador, tiene que aprender a trabajar con la mirada al público y estar siempre alerta para no aburrirlo. Fíjese, que cada vez que dicen de alguien que es un buen actor, es porque escucha bien, mira bien y está siempre alerta. Nadie es buen actor porque «diga bien» o tenga linda voz, sino porque reabsorbe todo lo que genera a su alrededor para expresarlo. Yo lo vi a Ulises Dumont en «Yepeto», de Tito Cossa y me di cuenta de que trabajaba con la oreja puesta en el público... y no erraba un tono porque todo el tiempo estaba atento a lo que provocaba en la platea.


P.:
¿Usted cree que eso se aprende estudiando clown?

T.L.: Los actores están demasiado protegidos en los teatros, dentro de una estructura fija, donde nada se mueve. Están acostumbrados a que si la gente se aburre, a lo sumo se queda dormida, en general no se va. En el teatro no se está rodeado de colectivos, ambulancias o aviones que pasan. En cambio, en la calle hay demasiado ruido y movimiento y nadie está obligado a quedarse, ni pagó ninguna entrada. La gente sólo se queda cuando se siente atraída por lo que uno hace. Eso es lo que todo actor debería aprender.


Entrevista de Patricia Espinosa

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