En «Espanglish», el mismo director de «Mejor imposible» logra convertir una historia remanida en una atractiva comedia de costumbres con diálogos ingeniosos y buenas actuaciones.
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Con este material, en otros tiempos un productor mexicano sacaba un melodrama a lágrima batiente, si era posible con Por empezar, él expone los problemas de un modo que nadie sabe si está hablando en serio o está haciendo una parodia, lo cierto es que resulta un modo fresco, desenvuelto, y bastante parecido a la vida. ¿Acaso ciertas discusiones conyugales no parecen un sainete para los otros? (y hasta uno, mientras discute, por dentro las disfruta como sainete). Ni hablar de otras tantas situaciones cotidianas cercanas al ridículo. Algo más: en las piezas de
Así entonces, el problema para esta madrecita es que sus patrones son un pan de Dios, apenas un poquito metidos. La mujer, diseñadora sin trabajo, disgustada con la gordura de su hija, encuentra un diamante sin pulir en la hija de su empleada. Y, con la mejor buena voluntad, se mete en la educación de la chica, quiere moldearla.
Claro, la otra ve eso como una intromisión, una captación que le quita lo único que tiene. Y el hombre, también con la mejor buena voluntad, se mete a compartirle experiencias, y la mete en su propio negocio, un restaurante, sólo que fuera del horario de atención al público, algo que termina de desequilibrar a la esposa. Y la pobre empleada nunca está segura de lo que pasa, porque encima ella es mexicana de pura cepa, recién está aprendiendo inglés, y los patrones son típicos norteamericanos con histeria incluida. Por suerte la madre de la patrona tiene una mente muy lúcida. Mantenida en alcohol.
En resumen. Grata exposición de incomprensiones superables, donde la gente puede ser muy distinta pero coincide en el amor por los hijos y otras cosas básicas,
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