18 de octubre 2007 - 00:00

Exhiben films inéditos sobre la Alemania nazi

Harmut Bitomsky
Harmut Bitomsky
Macizo, de un humor levemente rezongón, haciéndose un hueco entre la llegada a Buenos Aires, un cigarrillito en la vereda, y la primera clase que vino a dar, entre otras actividades que le tocan dentro del séptimo Festival de documentales DocBsAs, Harmut Bitomsky, presidente de la Academia de Cine y Televisión de Berlín y autor de documentales con material inédito sobre la vida cotidiana bajo el régimen nazi (se verán en la Sala Lugones del Teatro San Martín), dialogó con este diario.

Periodista: ¿Es cierto que cuando usted era estudiante lo echaron de la misma Academia que hoy preside? ¿Y que también echaron a Wolfgang Petersen, el que después hizo «El barco» y «La historia sin fin»?

Harmut Bitomsky: Sí, aunque yo era buen estudiante. Pero estábamos en 1968, ocupábamos las oficinas de los directivos, nos sentábamos en sus sillones, nos pasábamos discutiendo durante horas de política, sobre Cuba, los tupamaros, los maoístas, y hasta la conveniencia o no de tomar las armas por un cambio social en Alemania.

P.: Se refiere al camino que tomó después la banda de Baader-Meinhof.

H.B.: Entonces nos conocíamos todos. Nos veíamos a diario. Holger Meins fue mi camarógrafo en todas las películas que hice como estudiante. Un día, como se decía entonces, «pasó a la clandestinidad». El fue el primero del grupo que murió en la cárcel, en 1974. Todo esto es parte del pasado. Con el tiempo, los demás elegimos otro camino, digamos, el camino del artista burgués. Ah, le aclaro, para nosotros « burgués» también es sinónimo de «civil», no uniformado, no incorporado a un movimiento regimentado. Esto también les molestaba un poco a los nazis.

P.: Ya que lo menciona, ¿qué repercusión tuvieron en Alemania sus documentales con material de archivo «Imágenes de Alemania», « Autopistas del Reich», y «El complejo VW», que ahora presentará en el Teatro San Martín?

H.B.: Lo habitual es reeditar los films de esa época a gusto y conveniencia de quien lo haga. En cambio yo muestro, por ejemplo, unos cuantos y largos fragmentos de esos viejos films, y sólo después expongo una reflexión sobre lo visto. Así que algunos me reprocharon tener «demasiado respeto» por ese material, y muchos, en cambio, lo encontraron muy bueno. Mi objetivo entonces se volvió más claro: mostrar cómo la República Federal de Alemania, la RFA, deriva de aquel momento histórico, y cuánto tenemos todavía incorporado de aquel pensamiento que procuró mezclar lemas conservadores y socialistas bajo una misma bandera.

P.: Lo que se ve en esos fragmentos es un elogio de las clásicas virtudes alemanas: dedicación al trabajo, espíritu de cuerpo, organización, amor al terruño, sentido de superación, etc. Es curioso, recién en un corto de 1939 se ve una esvástica colocada en primer plano.

H.B.: Los nazis no eran taontos. Nunca saturaron las calles de banderas y afiches partidarios. Nosotros tenemos esa imagen, por culpa de todos esos que reeditan el material de archivo poniendo solo las tomas donde hay botas, o esvásticas, lo cual desproporciona el relato original. El único film de los '30 lleno de símbolos nazis es «El triunfo de la voluntad», de Leni Riefenstahl, porque registró específicamente el congreso del partido nazi en Nurenberg 1934.

P.: ¿Qué otros mitos desmienten sus películas?

H.B.: Uno que lanzó Hitler y muchos todavía creen: que las autopistas tendrían un fin bélico. Es absurdo: los tanques hubieran roto el asfalto, además de gastar el gasoil inútilmente. Más bien se los trasladaba en trenes. Pero a Hitler le costaba reconocer que las autopistas eran usadas sólo por unos pocos, ya que entonces, proporcionalmente, Alemania tenía menos autos que Bélgica. Por eso luego impulsó «el auto del pueblo», prometiendo que cada obrero tendría uno «cuando haya pasado la guerra». Bueno, al final, cada obrero de la RFA ha tenido su Volkswagen. Los de la RDA, en cambio, solo tuvieron un autito de plástico, el «trabi», como le decíamos.

P.: ¿Cómo se conservaron tantos films de la época nazi, y tan impecables?

H.B.: Todo fue confiscado por rusos y norteamericanos, que se llevaron hasta los negativos. Pero los nazis también pasaron esas películas en los países que habían ido ocupando. Así que un día, hacia 1981, un joven me avisó que la Cinemateca Danesa tenía una pieza llena hasta el techo de esas películas. Al parecer, fueron inicialmenteconservadas por danesesque apoyaron la ocupación.Suerte que nadie las quemóde alegría tras la Liberación. ¡Durante años, nunca habíamos visto nada igual! Y encima recibimos todo en donación. Ahora los derechos son del Estado Alemán, salvo las obras de Leni Riefenstahl, que le ganó varios juicios.

P.: Volviendo al comienzo. Ahora que dirige la Academia, ¿usted se hubiera echado?

H.B.: Le repito, yo era buen estudiante. Además, yo hoy no podría castigar a nadie, porque, como cuesta tanto ingresar (apenas 35 alumnos por año) son todos muy aplicados. Ni siquiera abandonan los estudios. Al contrario, si alguna chica debe irse unas semanas por embarazo, después vuelve a las clases con el bebé junto a los apuntes.

Entrevista de Paraná Sendrós

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