25 de enero 2006 - 00:00

"García Márquez no es el pavo real que me decían"

La actrizdefine a laprotagonistade «Diatribapara unhombresentado», laobra queGabriel GarcíaMárquezescribióespecialmentepara ella,como «unacaribeña desangrecaliente y nadadepsicoanálisis».
La actriz define a la protagonista de «Diatriba para un hombre sentado», la obra que Gabriel García Márquez escribió especialmente para ella, como «una caribeña de sangre caliente y nada de psicoanálisis».
"Es una mujer muy caribeña y de sangre caliente, no tiene nada que ver con las neuróticas porteñas, ni pasó nunca por el psicoanálisis". Así describe Graciela Dufau, al personaje que Gabriel García Márquez escribió especialmente para ella (lo estrenó en 1988) y que ahora regresa a la escena a partir del sábado en el Teatro Payró, con escenografía de Tito Egurza, vestuario de Renata Schussheim, y la dirección de Hugo Urquijo como en la primera versión. «Diatriba para un hombre sentado» es un intenso monólogo cargado de sensualidad, amor y odio en el que una mujer -también llamada Graciela- lanza sobre su cónyuge una catarata de reproches en la víspera de su 25º aniversario de bodas. La mujer pasa revista al pasado y al presente de la pareja, mientras su marido (papel a cargo de Jackie Tyrrel) guarda silencio enfrascado en la lectura de un periódico. Aún así no podrá detener la furia incendiaria de su mujer luego de tantos años de desamor e infidelidades. «Para mí es muy fuerte que el personaje lleve mi nombre» se sincera Dufau en charla con este diario. «Hace poco leí un reportaje a la actriz colombiana que hizo la obra en el Festival Cervantino de México, donde ella dice que en realidad el personaje cambia de nombre según la actriz que lo haga. Y me enchinché un poco, lo confieso ¿pero qué dice esta Colombiana, si él escribió la obra luego de verme actuar en Cuba, en mi unipersonal 'La maga'?».

Periodista:
¿Se sintió identificada con esta Graciela caribeña?

Graciela Dufau: Al principio me impresionó un poco porque aparecían rasgos míos que García Márquez no podía conocer. Yo perdí a mi padre de adolescente mientras que mi personaje pierde a la madre. Cuando empecé a trabajar como actriz a los 17 años yo tenía serios problemas de dicción, por eso me sorprendió la coincidencia de que esta mujer fuera tartamuda e hiciera un gran esfuerzo por modificar ese defecto, hasta llegar a doctorarse en oratoria. Además, yo también nací en un hogar pobre como ella.


P.:
Pero no se casó con un aristócrata...

G.D.: ¡Nooo!
(se ríe) En eso no le hice caso a mi mamá. En esta pareja hay un desnivel muy grande porque él es hijo de marqueses caribeños y ella, hija de una lavandera. Viven una pasión muy fuerte, pero luego cuando él se reconcilia con su familia y recupera su status económico y social, la relación empieza a estropearse.

P.:
Entre reproche y reproche, la mujer también hace evocaciones líricas.

G.D.: García Márquez es un poeta, y no todos los grandes autores lo son. Más allá de que hay momentos en que mi personaje se apasiona y va de acá para allá, la obra pide cierta quietud, todo está en la belleza del texto, no hay que hacer casi nada, lo importante es no perturbar algo tan poderoso. Cuando Graciela describe la casa de su suegra, por ejemplo: «Nunca había conocido un lugar tan callado. Había un canario en alguna parte, y cada vez que cantaba se movían las flores.» Esa era la frase favorita del escritor Osvaldo Soriano. Me dijo: «Yo daría mi mano derecha porque se me hubiera ocurrido esta frase.»


P.:
Su personaje es muy ajeno a la idiosincrasia argentina.

G.D.:Así es, ella es muy caribeña, de sangre muy caliente. Le voy a dar un ejemplo. Una escritora mexicana, muy conocida -no le voy a dar el nombre, pero es muy conocida- sabía que su marido tenía un amor extramatrimonial, de eso estaba al tanto todo el mundo. Entonces, un buen día le hizo una pintada -un escrache diríamos nosotros- en su propia casa: «Fulano, hay muchas mujeres que te aman, pero como yo jamás». Este es un buen ejemplo de mujer caribeña.


P.:
¿Cómo fue el encuentro con García Márquez?

G.D.: Recién nos conocimos personalmente cuando vino a ver mi unipersonal «La maga». Ahí fue cuando se le reveló la estructura dramática de «Diatriba...» que era un material que tenía en mente desde hacía 30 años. Le había nacido la idea una noche en que al pasar por una casa vio a una mujer que le hablaba y hablaba al marido y después al pasar varias horas más tarde, la mujer seguía hablando. Entonces, cuenta él, surgió esta «cantaleta» o cantinela, como decimos nosotros.


P.:
¿Tuvo oportunidad de verlo trabajar?

G.D.: Hugo Urquijo y yo estuvimos tres semanas con él, nos reuníamos todos los días muy temprano. Y debo decir que no me encontré con ese gran pavo real del que tanto me hablaban. El puede ser muy incisivo, pero también tiene una gran timidez, sobre todo con las mujeres.


P.:
¿Y con respecto a la obra aceptaba sugerencias?

G.D.: Al principio, tenía mucho temor de decirle yo pienso esto o lo otro, pero un día nos dijo: «Miren, así como es dificil de escribir, es muy fácil de quitar» y corregía sin ninguna resistencia. Después que estrenamos la obra él quiso seguir trabajándola y negó su autorización a unos alemanes que habían venido a Buenos Aires a grabar la obra y luego la tradujeron al alemán. Le rogaron que se las cediera para presentarla en la próxima temporada. «Yo no escribo para una temporada, escribo para la eternidad», les contestó. Y es cierto. Yo creo que dentro de 50 años cuando ni él ni yo estemos ya sobre la tierra esta pieza va a seguir siendo valorada. A nosotros que somos pequeñitos eso nos puede parecer petulancia, vanidad y un gran ego, pero en realidad se trata de un escritor extraordinario que conoce muy bien el valor de su obra.


Entrevista de Patricia Espinosa

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