León Gieco
reunió a una
multitud en el
Parque San
Benito para un
extenso show
de fin de año
que contó con
varios invitados,
entre ellos la
Orquesta Juan
de Dios
Filiberto.
Actuación de León Gieco (voz, guitarra, armónica). Con L. Gurevich (teclados, acordeón, coros), A. Forcada (bajo, coros), D. Moglia (guitarras eléctricas, coros), M. García (batería, percusión) y K. Díaz (guitarras eléctricas). Orquesta Juan de Dios Filiberto, dir.: P. Spatocco. Invitados: F. Luciani y F. Rodríguez (armónicas) R. Goldman (charango), y otros. Soportes: Infierno 18 y Mr. Mojo. (Pque. San Benito, 22/12).
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Podría pensarse que el mayor mérito de León Gieco está en sus canciones; y sin dudas hay allí un punto destacado en la carrera de este cantautor santafesino. Sin embargo, salvo Mercedes Sosa y alguna banda de rock cercana a él, no ha sido de los autores más «versionados». Tampoco es Gieco de los artistas que se preocupan por revolucionar los lenguajes estéticos o que investigan por el lado de las vanguardias.
Lo de Gieco es el canto directo, el mensaje claro, la prosa comprometida a ratos, casi el panfleto-puesta en música. Y es entonces en esa relación directa con el público, en la honestidad intelectual y artística que la gente parece ver en él, en la coherencia de toda su obra, que debería pensarse, fundamentalmente, la muy buena y permanente recepción que sigue teniendo.
León Gieco viene de hacer una serie de conciertos exitosos en el teatro Opera en los que presentó su disco «15 años de mí». Ahora, quiso cerrar el año con un show gratuito y multitudinario para lo que recurrió a la producción del Gobierno porteño. Y la respuesta del público fue excelente. Según cifras oficiales, fueron 30.000 los que fueron al parque San Benito para verlo en un enorme escenario montado de espaldas al monumento a Güemes; y el cantante dejó a todos muy satisfechos después de 35 temas y tres horas de recital.
En esa muy larga noche que arrancó con dos bandas soporte apadrinadas por Gieco (los jóvenes punk-rock de Infierno 18 y los más pop Mr.Mojo) hubo de todo y para todos los gustos. Estuvieron, por supuesto, muchos de los grandes clásicos de la historia del cantante: «En el país de la libertad», «Todos los caballos blancos», «Cachito, campeón de Corrientes», «El fantasma de Canterville», «Todos los días un poco», «Cinco siglos igual», «Los Salieris de Charly», «Ojo con los Orozco», etc.
Tuvo un par de largos momentos acompañado por la Orquesta Juan de Dios Filiberto, que estuvo a la altura de las circunstancias con arreglos sobrios y respetuosos de los originales, y dirección de Popi Spatocco. Hubo títulos que hablan crudamente de hechos de la realidad («Santa Tejerina», «El ángel de la bicicleta», «Yo soy Juan», «La memoria»); también hubo mucho video alusivo a las canciones, en clips o en imágenes documentales, que se vieron por las cinco pantallas montadas en los laterales y en el fondo del escenario. Hubo fiesta con el clásico chamamé «Kilómetro 11» y con «Baionga» -una composición de Luis Borda a la que Gieco le puso letra-. Hubo baile con los grupos Amar Tango Danza (jóvenes con síndrome de Down) y Alma (con Sandra González Neri y Demián Frontera, un bailarín en silla de ruedas) que hicieron olvidar sus limitaciones y ofrecieron números muy buenos desde lo artístico. Los invitados instrumentales fueron los armoniquistas Franco Luciani y Fabricio Rodríguez y el charanguista (y Director Nacional de Artes) Rolando Goldman. Para el cierre, ya bien pasada la una de la mañana, llegó el gran hit, «Sólo le pido a Dios», que puso el final de fiesta.
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