Julio Chávez
llevará a escena
la versión
teatral del
conocido libro
del travesti
alemán
Charlotte von
Mahlsdorf, que
sobrevivió al
nazismo y al
comunismo.
Charlotte von Mahlsdorf fue un famoso travesti alemán (nació en Berlín en 1928) que sobrevivió al nazismo y al comunismo con las faldas bien puestas. En su famosa autobiografía de 1992, titulada «Yo soy mi propia mujer», habló de su temprana inclinación por los muebles antiguos y los vestidos de tafeta. Ese mismo año protagonizó un documental dirigido por Rosa Von Pranheim que la convirtió en una suerte de heroína para la comunidad gay.
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De inmediato fue invitada a todos los talks shows de la televisión alemana en donde se ganó la simpatía del público con sus modales de gran dama. Pero tiempo más tarde, por miedo a las agresiones de diversos grupos neonazis, decidió emigrar a Suecia en donde reabrió su museo de muebles y objetos de principios del siglo XX. Murió de un ataque cardíaco en abril de 2002.
La vida de este curioso personaje dio origen a la exitosa pieza «I Am My Own Wife» del dramaturgo norteamericano Doug Wright, ganadora del Premio Pulitzer de drama y del Tony a la mejor obra de la temporada 2004. Su fecha de estreno en Buenos Aires está prevista para el 6 de enero de 2007, en el Paseo La Plaza, con el protagónico de Julio Chávez y la dirección de Agustín Alezzo. Dialogamos con el actor de «Ella en mi cabeza» quien ahora afronta el desafío de encarnar a todos los personajes de esta obra.
Periodista: ¿Ya vio la película?
Julio Chávez: Sí, y también leí la autobiografía y otro libro sobre ella escrito en alemán. Lo más interesante de la película es que se la puede ver y escuchar a Charlotte, pero la obra de Doug Wright es mucho más rica en contenidos. El se contactó personalmente con ella gracias a un amigo que le aconsejó: «Venite a Alemania que vas a conocer a un personaje increíble» y lo que cuenta en esta pieza es casi una historia de amor, pero no en términos eróticos.
P.: ¿Qué relación se estableció?
J.C.: Digamos que es el encuentro entre un autor y el objeto que lo deslumbra, en tanto éste le revela una parte de la historia y de la existencia humana que le eran absolutamente ajenas. Es algo muy extraño, un travesti atravesando la época de los nazis y de los comunistas, construyendo un museo tan importante como el Gründerzeit Museum... Wright termina obsesionado con la vida de Charlotte y con las sospechas de delación que penden sobre ella.
P.: ¿Qué otros personajes aparecen en la obra?
J.C.: Además del autor, que es quien va a ir contando todo lo que sucede en la obra, también aparecen el padre y la madre de Charlotte y otras figuras de su entorno. El espectáculo es una suerte de invitación a «te voy a contar que me encontré con alguien y te voy a mostrar cómo es y lo que me pasó a mí con ese objeto». En ningún momento aparece Charlotte de manera realista, ya que la conclusión a la que llega el autor es que la vida de todo ser humano es un enigma.
P.: ¿Cómo está enfocado el tema del travestismo?
J.C.: Hoy la palabra travesti está muy mediatizada. Lo primero que la gente piensa es en la zona roja de Palermo o en Florencia de la V; pero esta es una señora alemana que se viste como su madre y entonces la pregunta sería: «¿Para eso querés ser travesti? ¿Cuál es el negocio? Además de tener unos brazos tremendos y una inconfudible cara de hombre, Charlotte ni siquiera se depilaba. No se trata entonces de la vida de un travesti. En su historia aparecen otros datos importantes: mató al padre, que era un hombre violento y golpeador, y por eso fue a la cárcel, pero al año de estar presa bombardearon la prisión y se fue caminando entre los escombros. Su vida es increíble y está llena de contradicciones.
P.: ¿Qué fue lo que más le interesó de este material?
J.C.: Lo bueno de hacer teatro es que cada obra me deja un descubrimiento. En este caso fue descubrir, a través del acento que va a tener Charlotte, que siendo yo hijo de alemanes [el verdadero apellido de Chávez es Hirsch] mi idioma no es el castellano y tampoco el alemán, mi idioma es el castellano con acento alemán que hablaba mi padre. Es algo que tengo muy presente.
P.: Su labor en «Ella en mi cabeza» era casi maratónica, por la neurosis y verborragia de su personaje, pero usted parece estar más en consonancia con este nuevo material.
J.C.: Con «Ella en mi cabeza» intenté entrar en comunión con el autor, Oscar Martínez, más que con la obra. Me ocupé de captar lo que él necesitaba para que su asunto pudiera ser comunicado. Fue un trabajo de prestaciónde servicios que agradezco enormementeporque de eso también se aprende. A mí ese personaje me sirvió para echarle un poquito de agua a esta espesura mía, y me volvió un poco menos tímido de lo que soy. Fue una buena preparación para encarar «Yo soy mi propia mujer», porque más allá de mis intuiciones con respecto a este material, nada de esto funcionaría si no sale el guerrero a la cancha.
P.: ¿Por qué abandonó «Ella en mi cabeza»?
J.C.: Ya tenía este proyecto y en enero del año pasado avisé que sólo seguía hasta agosto. Después acepté dos meses más porque mis compañeros se merecían salir de gira. Otra cosa que le debo a «Ella en mi cabeza» es que por fin logré establecer un vínculo de compañerismo, camaradería y afecto en el trabajo. Natalia Lobo, Juan Leyrado y yo somos tres animales muy diferentes, pero la buena convivencia con ellos me dio confianza y ánimo para entablar relaciones de afecto y divertimento en el trabajo. Para mí es algo inédito.
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