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6 de marzo 2020 - 00:00

Homenaje a una mujer pionera en dirección cinematográfica

La película, que la cineasta y profesora realizó en 1919, es la única que se conserva de su producción.

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Emilia Saleny. Un fotograma de “El pañuelo de Clarita”, que la directora pionera realizó en nuestro país en 1919.

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La primera mujer cineasta de Argentina, Emilia Saleny (nacida Salegni, en Italia), será recordada este domingo a las 16.30 en Sala Lugones, con la exhibición del único film suyo que se conserva, “El pañuelo de Clarita”, 1919. En programa también se anuncia una charla de la especialista Moira Fradinger y dos cortos de la primera directora de cine que hubo en el mundo, la prolífica y divertida Alice Guy.

Actriz y conductora de una escuela de actuación para cine, ampulosamente llamada Academia, Saleny habría hecho no menos de cuatro películas breves con sus alumnos, de las cuales solo se conserva “El pañuelo de Clarita”. Bautista Amé, actor y autor del argumento, supo resguardar una copia completa, que recién se difundió en los 80 en un programa televisivo, en vísperas del primer Festival La Mujer y el Cine impulsado por María Luisa Bemberg.

Luego vendrían María B. de Celestini, directora y libretista del drama “Mi derecho” (1920), Susana Calandrelli, directora de un fallido “Blancanieves y el Príncipe Azul”, cerca de 1945, Alicia Míguez Saavedra, actriz y asistente de dirección que a última hora se privó de conducir un film dentro de la industria, la checa Irene Dodal, autora de hermosos dibujos animados junto a su marido Karel Dodal, Lina C. de Machinandiarena, productora de grandes films de los Estudios San Miguel, Alexis de Arancibia, coadaptadora de los mejores films de su esposo, Mabel Itzcovich y otras cortometrajistas de la generación del 60, hasta Vlasta Lah y Eva Landeck, las dos primeras mujeres que dirigieron largometrajes entre nosotros, respectivamente en los años 60 (“Las furias”, “Las modelos”) y 70 (“Gente en Buenos Aires”, “Ese loco amor loco”, “El lugar del humo”). Y al fin, en los 80, María Luisa Bemberg, que con su generosidad y mantenido éxito abrió las puertas por donde transitan hoy tantas jóvenes cineastas.

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