La demolición» ( Argentina, 2005, habl. en español). Dir.: M. Mangone. Guión: R. Cardoso, M. Mangone, sobre pieza teatral homónima; Int.: E. Liporace, J. Paccini, M. Ardú, R. Serrano, G. Pauls, E. País, M. Mazzarello, F. Roa, F. Bloise.
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Un día un trabajador en negro como tantos, con empleo inestable, temeroso, cumplidor, siempre bajo el yugo del jefe, debe iniciar la demolición de una fábrica abandonada, donde pronto se levantará un moderno supermercado. Ya está todo listo para dar la orden, pero descubre que adentro hay alguien trabajando, todavía.
Se trata del gerente, nada menos, que ahí está, bien trajeado, cumpliendo su horario y su labor en su escritorio, con sus papeles, donde sigue haciendo anotaciones, su teléfono, por donde habla aunque no tenga línea, y la mercadería a su cargo. Para él, todo funciona normalmente. Se ha hecho una realidad paralela y punto.
• Interrogantes
¿Cómo entrar en su cabeza, cómo convencerlo para que largue ese lugar y deje trabajar a los otros, cómo tranquilizar al jefe que le está urgiendo el comienzo de la demolición? ¿Y además, cómo demoler a ese hombre, enfrentándolo a la verdadera realidad que él trae de afuera?
Porque a esta altura, él ya está aceptando también el contagioso entusiasmo del gerente. Esto existe, esto funciona. Aquí me siento mejor que en casa. Esperen nomás, que se enteren la televisión y los muchachos.
Esa es la base de una comedia teatral de Ricardo Cardoso (el mismo de «Hamburgueses», «Papá derrama sabias palabras» y «Ojos traidores»), comedia de tendencia farsesca que anduvo muy bien en 2003 en Andamio 90, con los mismos actores que ahora la llevan al cine: Enrique Liporace y Jorge Paccini. A ellos se agregan Mimí Ardú, en apetecible personaje, Ernestina Pais (debut cinematográfico), Roly Serrano, Gastón Pauls, Mario Mazzarello, Pascual Condito, Fernando Roa (el «Vieja» de «El polaquito») y varios otros, no todos con el mismo estilo actoral, pero todos con similar entusiasmo. Cine hecho los fines de semana, a pulmón y corazón, humor básico y actitud positiva ante los problemas reales. Si vamos a hablar de cosas serias, que sea medio en broma, como corresponde. P.S.
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