Si en su primera novela, «Ampliación del campo de batalla», trato de problemas económicos y problemas sexuales; en la segunda, «Las partículas elementales», señaló las trágicas consecuencias de la « liberación» promovida por la juventud de los años '60; en la tercera, «Plataforma», en medio de un tratado sobre turismo sexual consideró imposible el encuentro entre Occidente y el Islam; en «La posibilidad de una isla», su nueva novela, profetiza el apocalipsis y, a la vez, el surgimiento de la inmortalidad a través de la clonación.
Daniel I, protagonista de la historia, descubre su « vocación de bufón» y se convierte en un cómico. Gracias a sus monólogos cínicos y provocadores se vuelve millonario. Se casa con Isabelle, una periodista que dirige una revista para «lolitas», que en realidad leen sus madres deseosas de copiar a sus hijas. Cuando el matrimonio naufraga, Daniel I encuentra el amor en Esther, una joven que actúa en películas porno. La historia de Daniel I es revisada, en forma alternada, dos mil años después, por sus clones Daniel 24 y Daniel 25. Esta historia de ciencia ficción, que no deja de ser entretenida, permite a Houellebecq deleitarse con sus habituales relatos sexuales, lanzar sarcasmos sobre la sociedad actual, filosofar sobre la existencia mezclando a Schopenhauer con Michel Onfray, para luego de haber mostrado que «amor y libertad son términos antonómicos» encontrar en él «la posibilidad de una isla».
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