25 de noviembre 2008 - 00:00
La "Geometría sensible" en el Museo de Arte Construido
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El
perceptismo
de Raúl
Lozza (1947)
produjo una
obra con la
poesía de lo
visual,
definida por
las
invenciones
geométricas
y la belleza
del color.
Los historiadores coinciden en que fue Kandinsky quien, hacia 1910, abolió los últimos vestigios de la figuración, y toman a una acuarela suya de entonces como el nacimiento del arte abstracto. En 1913, en Moscú -ciudad natal de Kandinsky-, iniciaba Malevich un camino propio con su Cuadrado negro sobre fondo blanco. A las formas imprecisas de Kandinsky y otros abstractos ( Delaunay, Marc, Kupka, Picabia), opuso Malevich los trazos rigurosos de la geometría. Dos años más tarde, en el Manifiesto de la escuela de vanguardia, Malevich bautiza como suprematismo al arte que preconizaba y al que había llegado a través del cubismo y del futurismo.
Ese creador, sin embargo, queda subsumido en el constructivismo, que entre 1920 y 1930 reúne a artistas como Malevich, Tátlin, Lissitsky, Rodchenko y Gabo. Entre tanto, la abstracción geométrica -así denominada para diferenciarla de la abstracción orgánica o lírica de Kandinsky-, recibe dos grandes impulsos: el neoplasticismode los holandeses Mondriány van Doesburg, del belga-Vantongerloo y el alemán Vordemberge-Gildewart, que surgen hacia 1917, y las investigaciones del Bauhaus (1919-23), donde enseñaban Moholy-Nagy, Klee y Albers.
Un hecho culminante fue la exposición internacional de artistas abstractos organizada en París, en 1930, por el pintor uruguayo Joaquín Torres García y el crítico Michel Seuphor, fundadores de la fugaz revista Cercle et Carré.
Al mismo tiempo, van Doesburg, separado del grupo, acuña para una publicación que edita en 1930, el nombre de arte concreto. Cuando Torres García retorna al Uruguay en 1934, funda la Asociación de Arte Constructivo y edita Círculo y Cuadrado, segunda época entre 1936 y 1943. En ese año, abre un taller de enseñanza donde introduce en el Constructivismo a decenas de alumnos.
La década del 40, en la que se inicia la consolidación del arte argentino, los hitos de entonces son el Manifiesto de los Jóvenes contra la figuración, emitido en 1941 por Claudio Girola, Alfredo Hlito y Tomás Maldonado; la edición en Buenos Aires, en 1943, de Universalismo constructivo, de Torres García -que sucede a su muestra y sus conferencias de 1942, que sirven para estrechar las relaciones con sus admiradores argentinos; la publicación, en 1944, del único número de Arturo, «revista de artes abstractas» y órgano de los nuevos creadores; y, en 1945-46, el cisma: la Asociación Arte Concreto-Invención ( Maldonado), y el Movimiento Madí (Arden Quin).
Un tercer desprendimiento es el Perceptismo de Lozza (1947), que produjo una obra con la poesía de lo visual, definida por las invenciones geométricas y la belleza del color. A diferencia de sus colegas, llevó a sus extremos las búsquedas de aquel momento. Excluyó el cuadro ortogonal espacialmente redefinido por los concretos, como la tela de marco recortado de los madistas; y dispuso sobre el muro, por separado y de acuerdo con su orden propio, los elementos geométricos de la obra, sustituyendo de este modo la noción de fondo por la de campo.
Cada uno de esos elementos es una pieza chata y autónoma, de contorno irregular aunque geométrico, pintada al esmalte: un plano-color, que suprime la dualidad forma/contenido (pues uno y otro son «un solo hecho, indivisible»); su ubicación no es acondicionamiento voluntarista ni empírico: responde a una estructura, surgida del proceso desarrollado por el artista con la «materia perceptiva».
En 1948, Arden Quin llevó el madismo a París y lo presentó en el Salón Realités Nouvelles. También en Francia, en 1951, junto con Volf Roitman creó el Centro de Estudios e Investigaciones madistas. Impulsó y proyectó el movimiento internacionalmente. En este grupo se destaca César López Osornio, reconocido artista y hoy director del Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano (MACLA) de La Plata. En la muestra «Del constructivismo a la geometría sensible», que organizamos en 1992, señalamos que la incidencia seminal de estos artistas fue decisiva y se continúa hoy en creadores como Dalmiro Sirabo o Raúl Mazzoni, entre los expositores en el Museo de Arte Construido.
Entre las variantes constructivistas, el arte cinético y el Op-tical-art (el Op art), pusieron el énfasis en la luz y en el movimiento, representados en la tela u obtenidos por medios mecánicos en esculturas y objetos. Luis Tomassello, junto a los otros argentinos residentes en París, Marta Boto, Hugo Demarco, Gregorio Vardánega, Julio Le Parc y Horacio García Rossi, entre otros, fueron pioneros y reconocidos exponentes de este arte que fue más allá de la geometría. La semilla sembrada en la segunda mitad de la década del 40, fertilizó en sucesivas generaciones de creadores argentinos: esto es posible contemplarlo en la exposición que exhibe Lipa Burd.

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