Woody Harrelson y Pierce Brosnan en una de las escenas pretendidamente divertidas que sólo cortan el ya débil suspenso de la floja y dispendiosa (de millones de dólares) «Al caer la noche».
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Sin una buena idea para volver interesante la típica escena en la que un ladrón percibe que lo sigue un policía demasiado obvio, nadie se toma el esfuerzo de pensar nada, salvo cómo gastar un dineral (en este caso 60 millones de dólares) en llenar las calles de extras, fiestas típicas y vestuarios multicolores. A veces, tanto despliegue de medios de producción solo consigue volver ruidoso e insoportable un tranquilo lugar común del género que en realidad no molestaba para nada.
Como la película está protagonizada por No se puede tomar en serio un policial que se esfuerza tanto por cortar el débil suspenso con un chiste que no hace reír. Pero la verdad es que por mal que pueda sonar esto, hay delitos más graves. Si el talento involucrado se gana la libertad condicional es por la modestia y moderación que los llevó a no pasar los 97 minutos de proyección, lo que los convierte en lo más parecido al buen ladrón de los robos fashion del cine del siglo XXI.
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