Todo empieza cuando, en el presente, dos viejos ex alumnos releen el diario íntimo del celador: su encuentro con la realidad del lugar, su paulatino y constante esfuerzo por cambiarla, sus logros, el gusto de ver el orgullo, la alegría y el agradecimiento en los ojos de un chico, y también, claro, las limitaciones del «experimento pedagógico». Todo se equilibra, las situaciones feas e injustas con las simpáticas y satisfactorias. Y todo se sublima, en las viejas canciones populares cuando se prueban las voces, en la explosión de hermosos temas de
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