Para Budd Schulberg, la crisis de Hollywood tiene una única explicación: «a los ejecutivos de hoy no les gusta el cine», explica. A los 91 años, la lucidez de Schulberg continúa inalterable.
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Autor de «Nido de ratas» y guionista de la adaptación que llevó a la pantalla Elia Kazan, también fue autor, en 1941, del libro más incisivo sobre la intimidad de Hollywood, «What Makes Sammy Run?». Lejos de retirarse, Schulberg permanece activo: en la actualidad, está trabajando con el director Spike Lee en una biografía del boxeador Joe Louis. Ben Stiller, por su parte, planea llevar al cine una adaptación actualizada de su libro sobre Hollywood. Schulberg, en consonancia con la difusión de las alarmantes noticias sobre la caída de la recaudación del año, publicó una nota el pasado domingo en el suplemento dominical del diario inglés «The Times», que durante toda esta semanacontinuó provocando escozor. Tras evocar a los pioneros de la industria, a quienes conoció personalmente (Goldwyn, Mayer, Selznick, Zanuck, etc.), expresó: «todos esos hombres, a quienes en mi época consideré autoritarios y arrogantes, tenían algo en común. Por mucho que hubieran escalado en la sociedad, jamás perdieron el contacto con el público. Mayer llegó a codearse con Winston Churchill, pero cuando su editor de guiones le acercaba una historia (nunca leía guiones textuales), ya sabía de inmediato si le iba a interesar o no a la gente».
Y agrega: «el más malhablado de todos ellos, Harry Cohn, que hasta se vanagloriaba de sus contactos con la mafia, tenía un barómetro infalible para juzgar una película. Cohn decía: 'si me empieza a molestar el culo durante una proyección, eso significa que la película no funciona, que es aburrida. Y al culo de la gente le va a ocurrir lo mismo'. Herman Mankiewicz, el guionista de 'El ciudadano Kane', decía de él: ' Harry cree que su culo está sintonizado con el gusto del público norteamericano». Schulberg prosigue: «Pero, con lo crudo que pueda sonar, Cohn tenía razón. A los ejecutivos actuales, el culo nunca les molesta cuando producen malas películas, simplemente porque no las van a ver. Sólo empieza a molestarles cuando miran las planillas de gastos y recaudación, y se dan cuenta de que las cosas no marchan. ¿Qué nos pasa?, exclaman entonces. Empiezan a renespartir culpas, a buscar enemigos, pero no se dan cuenta de que el único enemigo son ellos mismos».
«En 2005 Hollywood, el nombre genérico que le damos a nuestra cultura cinematográfica, ha caído en sus días más oscuros desde la década del 50, cuando apareció la televisión. Estos son los años de otra revolución tecnológica, Internet. Las 'majors' están en problemas. Disney acusó pérdidas por u$s 313 millones, y a Sony le fue todavía peor en uno de sus más funestos años». «¿Qué pasa? En su avidez por el mercado del DVD, y de editar la película lo más rápido posible, los estudios degüellan al cine. Uno ni tiene tiempo de tomarse un par de semanas para ver una película cómodamente sentado en un cine».
Y continúa: «¿Quiénes son hoy esos ejecutivos? Gente que viene de empresas que nada tienen que ver con el cine, y que controlan los viejos estudios que sólo conservan el nombre. Gente que jamás pisó un set, que no discutió a los gritos un guión con su autor, que no obligó a un director a rehacer una y mil veces una toma, que no cambió una primera actriz en medio de un rodaje, que no lloró de emoción al final de una película. Gente, en definitiva, a la que no le interesa el cine, pero que extrañamente vende cine y pretende tener éxito».
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