22 de agosto 2016 - 17:33
Matías Amoedo: "No busco ser el escritor de una zona"
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P.: Tu cuento incluido en Nenes Bien ocurre en una escuela privada de San Isidro. ¿Cómo te llegó la propuesta y cómo te sentiste al estar incluido en ese libro?
M.A.: Me contactó Martín Kunik, el compilador, a quien no conocía. Creo que le pasó mi nombre Santiago Llach, a quien tampoco conocía, pero sé que fue a mi mismo colegio (San Juan el Precursor). Para escribir mi cuento "Safari" tomé dos de los momentos que más recordaba del primario. Uno había sido cuando en una visita al zoológico un compañero se había agarrado a las piñas con un mono. Yo creí que se disputaban una zapatilla, pero ese compañero me confirmó hace poco que se peleaban por un sándwich. Al personaje central lo creé a partir de un hecho trágico que le pasó al alumno perfecto, impecable, querido por directores y maestros. Un día su madre no llegó a buscarlo porque había sido atropellada por el tren y falleció. El hasta entonces "chico 10" pasó a tener un comportamiento terrible y quise hacer un personaje que, tras sufrir una pérdida tan fuerte de tan chico, se le despertara su lado violento. Me sentí muy cómodo de participar en la antología, en donde la rebeldía está presente en varios de los cuentos. Pero la realidad es que hay muy poca gente en Zona Norte que se cuestiona la formación que tuvo.
P.: La mayoría de tus textos se basan en amigos y familiares. ¿Cómo fue confrontarlos más tarde, cuando la novela se publicó?
M.A.: Cuando escribí Efecto Tequila, tenía bastante miedo de cómo se lo iban a tomar. Cuando le conté al Max "real" que la novela estaba inspirada en él, se sorprendió, pero fue a la presentación, se llevó el libro y le encantó. Nunca se hizo cargo del personaje, lo leyó como un lector más y me dio una devolución muy interesante. A Gloria (que conservó su nombre en la ficción) no la veía hace años. Me contactó ella porque alguien le había mandado la foto de la contratapa. Le regalé el libro y le gustó mucho. Pero a diferencia de Max, ella sí se identificó más, se conmovió. Tenía miedo de que se enojaran, pero no lo hicieron. Sentí alivio y más tarde con casos posteriores, me di cuenta de que a la gente le gusta ser incluida dentro de una ficción, porque si alguien escribe de vos es porque sos interesante, más allá de que después el personaje se transforme y se aleje de la persona. Fue lo que me pasó con "Un pequeño tornado llegará desde el mar", que tiene a mi papá como protagonista. Lo escribí en 2015, cuando, a sus 68 años, se fue a probar suerte a Europa. Necesité que se alejara para poder escribir sobre él, porque si bien hoy con mi padre tenemos una relación muy linda e incluso trabajamos juntos, en el 2000 había sufrido un quiebre. Cuando mi papá leyó el cuento ya publicado, estuvo un par de días sin aparecer y me preocupé. Incluso alguien me dijo que lo había visto por la calle, pálido, así que calculo que le habrá afectado mucho. Pero no lo quise destrozar, también reivindico cosas buenas. Dos días después me confesó que le había encantado y hoy está feliz de ser protagonista de mis historias.
P.: Siempre tus textos fueron fuertes, pero Efecto Tequila hay más humor que en los posteriores. ¿Por qué pensás que en tu escritura actual hay menos humor?
M.A.: No sé, me lo suelo preguntar pero no tengo una respuesta. Para mí el humor siempre fue una manera de paliar la frustración y la tristeza. Cuando escribí Efecto Tequila todavía trabajaba en una corporación y la pasaba mal todos los días. Con el humor sobrepasaba mi rutina y hasta me iba a lo payasesco para no romper todo. Hoy no tengo esa necesidad y tampoco me sale escribir de esa forma. Pero no porque crea que evolucioné. Para mí hacer humor está buenísimo y me encantaba escuchar que los lectores se reían a carcajadas.
P.: Tus textos ocurren en los noventa. ¿Qué significa esa década para vos y por qué escribís sobre ella?
M.A.: Porque es la década de mi primera juventud, en la cual transcurrió mi deseo de viajar, mi despertar sexual, el conocer otra música. La edad de los personajes transcurre en ese momento, que coincide con el mío y así se reflejan algunas cuestiones típicas de esos años, pero no busco ser el escritor de una zona ni de una década. De hecho dejé inconclusa una segunda novela que ocurría en Zona Norte porque todo lo que tenía que decir del lugar ya lo dije.
p.: ¿Buscás erradicar mitos con tu narrativa?
M. A.: No soy una persona que se plantea de antemano escribir una crítica sobre el estilo de vida de San Isidro o el veraneo de los ochenta y los noventa en Miramar. De todas formas, ese tipo de vacaciones de dos meses en la Costa Atlántica cada vez existen menos, quienes quedan en los balnearios, instalados dos meses en una carpa son los padres de mis amigos. No me planteé ni me planteo hacer una crítica hacia ese estilo de vacaciones, pero algo salió porque seguro era una inquietud que yo también tenía, aunque no la manifestaba. Más bien, como administré el balneario que tuvo mi papá, podía observar desde el mostrador el comportamiento de las familias como un televidente, y veía en ellas todo tipo de fisuras. Me interesó meterme en esas fisuras y escarbar. Además no querría escribir siempre de lo mismo, creo que eso sería terrible.
P.: ¿Qué significa la escritura para vos?
M.A.: En un principio era una manera de evadirme de la realidad. Hoy es un placer, en el que trato de explicarme muchas cosas, incluso a mi mismo en el pasado. Pero también busco mirar hacia adelante, porque además de narrar el pasado, quiero llevar a los personajes hasta sus límites. Lo más lindo de la escritura es meterte en el barro y ver hasta dónde pueden llegar tus protagonistas, ponerlos en situaciones extremas que siempre los haga redoblar la apuesta.
Entrevista de Celina Abud.
*Matías Amoedo es autor de Efecto Tequila (Momofuku), Un pequeño tornado llegará desde el mar (Colección "Leer es futuro") y el cuento "Safari", incluido en la antología Nenes Bien (Edhasa).




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