Melina Torres: escuchar la voz de los personajes

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Su relato policial, "Pobres corazones", lleva como protagonistas a un par de policías homosexuales y un fondo de extrema violencia en Rosario.

“Pobres corazones” (Suma), de la santafesina Melina Torres, parece el primer tomo de una saga con dos personajes inesperados en nuestra novela negra, Silvana Aguirre y Ulises Herrera, dos policías homosexuales, honestos en sus andanzas por una Rosario violenta y corrupta. Torres es periodista y productora de documentales. Su libro anterior es “Ninfas de otro mundo”. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Los sicarios que balearon el Centro de Justicia Penal de Rosario se inspiraron en un capítulo de su novela?

Melina Torres: Espero que no. No es la primera vez que hay balaceras en Rosario, es algo común que aparezca en los medios. En 2013 fue el tiroteo al domicilio del gobernador Bonfatti, en 2018 hubo ataques a los Tribunales, en 2020 disparos al Centro de Justicia Penal, como la del jueves pasado, y una semana antes de esa Navidad se encontraron cuerpos despedazados en contenedores de basura. Yo no me inspiro en la realidad, pero en “Pobres corazones” parto de algo que me contaron: estaban tomando mate en la vereda y pasaron y barrenaron, o sea, dispararon sin parar.

P.: Todo eso aparece en los medios pero ese tiroteo estaba antes en su novela.

M.T.: Ese modo de operar, ese tipo de apriete, ya lo habían tenido antes Los Monos. Me impresiona haberlo escrito antes de que ocurriera.

P.: ¿Rosario pasó de ser la Chicago argentina a nuestra Medellín?

M.T.: Eso es un mote. No soy especialista en policiales, yo escribo ficción. Si en la contratapa de mi libro se habla de la Medellín argentina es una idea editorial, no mía. Lo cierto es que en Rosario hay tiroteos como una forma de amedrentar. De pronto aparece un negocio cerrado que tiene el frente repleto de agujeros de disparos.

P.: Su protagonista, la oficial Silva Aguirre, es dura, sarcástica y feminista.

M.T.: Con los insultos que lanza provoca empatía con el lector, la vuelve comprensible, cercana. Cuando escribía sentí que ella me imponía ese lenguaje, la escuchaba hablar así. Tengo capacidad de escucha y tomo nota de los modismos por la singularidad que cada persona muestra en su modo de hablar. Cuando hablamos pintamos el mundo. El habla regional, sectorial, los tonos contienen el paisaje que se habita. Cuando Aguirre me empezó a hablar me gustó tomarle ese pulso. Además, a mí me gusta que los personajes hablen y me dejo llevar por el diálogo.

P.: ¿Cómo se le ocurrió una dupla de policías homosexuales?

M.T.: Silvana surgió en un cuento de mi libro “Ninfas de otro mundo”; en “Pobres corazones” es, desde hace ocho años, jefa del Departamento de Criminología de Rosario, que depende de la Dirección Provincial de Análisis Criminal de Santa Fe. Aguirre necesitaba un colaborador, y apareció Ulises Herrera. Silvana es lesbiana y que Ulises sea gay los llevaba a un mejor intercambio. En el territorio de la fuerza policial son disruptivos –no quiere decir que no existan gays en la policía- y tenían que tener una natural complicidad. Sabían que los iban a mirar desde otro costado, pero ella se ganó el ser jefa, y su autoridad sabe marcarla, poner a los otros en su lugar.

P.: Silvana enfrentando una violencia de género cae flechada por una mujer.

M.T.: Se siente fascinada con Angélica, la esposa de un poderoso abogado que la maltrata. Silvana tiene un enamoramiento ficticio, el real no es con Angélica sino con una veterinaria. Angélica la lleva a una ensoñación romántica que ella, siempre con los pies en la tierra, padece. Silvana es ética en todos los sentidos pero tiene sus contradicciones. No es una heroína de comic, no lo puede todo, y bien que padece por lo que no logra. En el momento clave el entrenamiento no le sirve de nada. Piensa que puede lograr muchas cosas y la frenan, le ponen un tope, le muestran hasta dónde puede llegar y hasta donde llega el poder económico aliado con la política.

P.: Décadas atrás la única que escribía policiales era María Angélica Bosco, hoy son numerosas las mujeres dedicadas a la novela negra.

M.T.: Otra mujer que escribía policiales era Angélica Gorodischer, nadie más; hoy somos muchas. El policial se ha renovado. Antes estaba el detective solitario, y la mujer era la víctima, la embaucadora, la femme fatal, nunca estaba al frente de una investigación, era el personaje secundario nunca la protagonista. El cambio es profundo tanto en quienes escriben como en quienes protagonizan policiales. No sólo son, en gran parte, mujeres quienes escriben este género sino que los escritores tienen protagonistas mujeres. En el policial y la novela negra tomamos la posta.

P.: ¿La de Silvana Aguirre va a ser una saga?

M.T.: Espero que sí. Terminé la novela en marzo y después me puse a escribir otras cosas para sacarme de encima esas voces. El final de “Pobres corazones” me costó porque cuando uno transita tanto con los personajes es como si los tuviera en la piel y no es fácil despegarse de ellos. Fue un trabajo arduo, intenso y bastante corto. La pandemia me llevó a encerrarme y no parar de escribir. Ahora, a cada rato siento que Silvana Aguirre está ahí, la siento, y quiero sentarme a escucharla.

P.: ¿Qué era eso otro que estaba escribiendo?

M.T.: Leo Oyuela dice: si te agarra la inspiración no pierdas tiempo, hacele caso. No sé lo que me lleva a lo negro, a matar gente. Escribí relatos de parejas que no están bien pero que son como sociedades comerciales. Si lo llego a publicar me echan de Santa Fe. Mejor hablemos de la oficial Silvana Aguirre. A mí me encantan las sagas y si el público me acompaña, y pareciera que sí, Aguirre tendrá su saga. Y muy posiblemente esa otra forma de las sagas que son las series Larga vida para la novela negra y para Silvana Aguirre.

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