6 de febrero 2001 - 00:00

"Mi jazz refleja la influencia tanguera"

Mi jazz refleja la influencia tanguera
(06/02/2001) Leonardo Suárez Paz es hijo del violinista de tango Fernando Suárez Paz, que fue durante muchos años integrante del quinteto de Astor Piazzolla, pero confiesa que éste no lo alentó a seguir sus pasos. «Mi viejo no quería que fuera músico, y mucho menos que tocara el violín. No lo decía claramente, pero creo que su argumento era que me iba a resultar muy difícil, por aquello de cargar con un apellido, de las comparaciones.» Pero Leonardo, que ahora tiene 29 años, no cejó en su empeño. «Lo molesté con eso desde los 5 años. Y finalmente, cuando cumplí 8, me trajo un violín y un maestro. Y ahí empezó todo.» Ahora es un reconocido violinista que vive en Nueva York, hace jazz y pasó por Buenos Aires sólo de visita. Pero sus comienzos fueron por otra parte. «En realidad, empecé cantando profesionalmente desde los 6 años. Hacía jingles, publicidades. Y por ese lado, mi viejo me cortó la carrera, porque en un momento en la RCA Víctor me querían hacer grabar un disco para editarlo en México, y él no quiso. Decía que no era un buen ambiente y no me dejó hacerlo. No diría que me enojé, pero sí que me sentí muy mal. Entonces, ya que no podía cantar, me volqué definitivamente al violín y al tango.»

Periodista: Su carrera con el tango también empezó muy temprano.


Leonardo Suárez Paz:
Sí. Empecé siendo un adolescente a tocar en distintas orquestas y compañías, de tango y clásicas. A los 16 años toqué en la orquesta del Colón. Salí de gira con «Tango X 2», con Julio Bocca. Pero en un momento me harté. Quería instalarme acá, no andar todo el tiempo de un lado a otro; además tenía una novia y se hacía muy difícil mantener así la relación. Probé de todas las maneras posibles. Me presenté a las audiciones de todas las orquestas, de todos los géneros. Pero no pude entrar en ninguna.

P.: ¿Y qué lo decidió a viajar a los Estados Unidos?


L.S.P.:
El mismo día del año '97 en que fracasé con las pruebas en las orquestas viví algo terrible: me robaron, me pusieron una pistola en la cabeza, y hasta me sacaron la plata que tenía para pagarle al pianista acompañante. Y fue increíble, porque esa misma noche me llamaron desde Estados Unidos para ver si quería integrarme, en principio por un mes, al elenco del espectáculo «Forever Tango» de Broadway. Y decidí aceptarlo. En esa compañía estuve finalmente un año y tres meses como violín solista.

P.: ¿Cómo llegó al jazz?

L.S.P.: Yo ya tocaba jazz acá. Pero allá empecé a estudiar improvisación y lenguaje jazzístico con el saxofonista Patience Higgins, que había tocado con Duke Ellington. Un día, estando entre el público de Blue Note, me invitaron a tocar y desde entonces también empecé a hacerlo regularmente ahí con monstruos como Charnett y Cody Moffett, Stanley Jordan y Kenny Drew Jr. A partir de eso, se fueron ampliando las posibilidades. En una gira en Japón conocí a Joe Lovano y a Louis Nash, y establecimos una buena amistad. En otra, me relacioné con Wynton Marsalis, de quien también me hice amigo. Tuve la fortuna de tocar en lugares como Sweet Basil, Justin's, Jazz Estándar.

Compartí un grupo con Louis Nash y David Fink. Y últimamente suelo participar de las jam sessions de los lunes de un lugar legendario del Harlem, que es St. Niks. Me fui conectando con los músicos, más con los negros que con los artistas de «latin jazz».

P.: ¿Se gana para vivir con eso?


L.S.P.:
En parte sí. Pero también hago sesión para distintos artistas. Toqué en el disco «Amarte es un placer» de Luis Miguel, en «Mariachi» de Plácido Domingo. Participé de las bandas de sonido de «Flawless», con Robert De Niro, de «Bossa Nova» y de «The Impostors». Grabé en el grupo Jambalaya de Jordan. Toco en un grupo con el bailarín de tap Omar Edwards. He participado en giras europeas con Lovano y Gary Burton. Y tengo mi propio quinteto, con el que también grabamos un disco con temas míos.

Orgullo paterno

P.: ¿El tango ha quedado definitivamente en el pasado?

L.S.P.:
Yo creo que no. Y si se escucha mi música se nota de dónde vengo. Hay una manera de concebir la forma, de quebrar los pies rítmicos, que tiene que ver con Piazzolla o con la música clásica. Es jazz pero, creo, con una fuerte influencia tanguera.

P.: ¿Y ahora qué dice su padre?


L.S.P.:
Ahora está orgulloso. Me empuja a seguir creciendo. Cuando se cortó lo de «Forever Tango», yo dudaba si volverme o quedarme allá. Y fue mi viejo el que me dijo que me quedara.

P.: O sea que se queda en Nueva York...


L.S.P.:
Por el momento no está en mis planes volver. Estoy en regla con mi visa de trabajo, me habitué, y de algún modo ya pertenezco a ese lugar. Por supuesto, me gustaría poder venir a presentar mi disco en la Argentina, pero ahora mi lugar de residencia es New Jersey, y estoy muy cómodo y muy contento con eso.

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