Daniel Barenboim recibió ayer el máximo
honor japonés a las artes, Praemium Imperiale.
Tokio (EFE) - Daniel Barenboim recibió ayer el «Praemium Imperiale», la más importante distinción que se concede al mundo del arte en el Japón, cuya dotación dedicará a una nueva Fundación en Berlín para la educación musical.
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En un acto ungido con toda la pompa de la Casa Imperial de Japón, Barenboim recibió un premio por partida doble de manos del príncipe Hitachi, hermano del emperador, porque también fue premiada su East-West Divan Orquesta, creada junto al intelectual palestino Eduard Said para unir en un sólo grupo a músicos árabes e israelíes. Previamente, en declaraciones a los medios, Barenboim afirmó que todos dicen «grandes palabras como paz o justicia» cuando se refieren al conflicto de Medio Oriente, pero nadie está dispuesto «a pagar el precio que hay que pagar» para resolverlo.
El músico, de 65 años, aseguró que el precio es «entender que los palestinos no son una minoría» que vive en la zona, sino gente que lleva veinte siglos allí, y comprender asimismo que existe «un vínculo histórico entre los judíos y ese pedazo de tierra». Por eso el artista presentó tres opciones de solución del conflicto: «O nos matamos unos a otros, o se crea un Estado en el que vivamos todos o se crean dos Estados».
Barenboim tuvo palabras de recuerdo para Eduard Said, del que destacó su «autoridad moral» que, a su juicio, se ganó diciendo lo que pensaba «en Ramalah, en Tel Aviv o en Nueva York».
Poco antes de que se iniciara el acto, al que asistieron artistas, embajadores y representantes de la elite japonesa, Barenboim anunció en rueda de prensa que invertirá la dotación económica del premio, unos 130.500 dólares, en crear una nueva fundación con base en Berlín.
El músico quiere que la Fundación se centre en educar al público de todo el mundo en el sentido musical, porque, en su opinión, a pesar de todos los avances tecnológicos, «el mundo tiene cada vez menos educación en la disciplina de la música». Baremboim, que confesó que no tiene iPod, no quiso culpar a la tecnología, pero puso a Alemania como ejemplo de país que «ha dado un montón de música de calidad durante 400 años» pero que ahora está menos educado musicalmente que en el pasado.
El pianista y director de orquesta explicó que la importancia de la música no estriba sólo en su capacidad de conmover, sino en «la necesidad de uno de expresarse al máximo» y, al mismo tiempo, «tener que escuchar el sonido que emite el prójimo».
Barenboim tuvo palabras de elogio hacia el público japonés que conoce desde su primera visita en 1966 y destacó la calidad de su silencio, porque «uno no juzga al público sólo por la cantidad de aplausos que le dedica sino por sus silencios».
También fueron distinguidos con el más alto premio de las artes otorgado en Japón otros artistas como los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, autores de obras como el edificio Fórum de Barcelona o el Estudio Olímpico de Pekín. Junto a ellos fueron premiados el francés Daniel Burn, el inglés Tony Cragg y la estadounidense Ellen Stewart, en las categorías de pintura, escultura y teatro, respectivamente. Stewart, que recibió su galardón en su silla de ruedas, fue una de las más aplaudidas cuando recibió su premio en el solemne acto.
La dramaturga estadounidense, que recibió un emocionado beso en la mano de Barenboim cuando volvió a su lado, fue la delegada de sus compañeros premiados y pronunció un discurso de agradecimiento ante todos los reunidos.
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