Aunque Sabina no está en
su mejor forma, al público
no pareció importarle, y
tampoco la lluvia.
Gira «Carretera y top manta». Actuación de Joaquín Sabina (voz, guitarra), Pancho Varona (bajo, guitarra), Antonio García de Diego (guitarra, teclados), Jaime Azúa (guitarra), Francisco Beneyto ( batería) y Helen de Quiroga (voz, coros). ( Estadio de Boca; 16 de diciembre).
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En el contexto de una fiesta debe analizarse la actuación del andaluz Joaquín Sabina en la cancha de Boca. Fiesta del cantante que repitió la alegría que le causaba estar en semejante lugar -él, que justamente se declara hincha de Boca-y que sonó sincero en sus declaraciones. Y fiesta de los 35 mil que se acercaron al estadio a pesar de la promesa de tormenta cumplida, y de los poco populares precios de las entradas para verlo en ese espacio.
El festejo, entonces, superó cualquier decepción, por un concierto interrumpido abruptamente por una lluvia que amenazaba peligro para músicos y público, por las desprolijidades de un show que tuvo más de emoción que de perfecciones técnicas, por la voz de un Sabina que sigue sin estar en su mejor forma, y por una puesta que estaba más pensada para un teatro que para la enormidad de un estadio.
Apenas pasadas las 22, aparecieron Sabina y sus compañeros en el escenario, montado de espaldas a los palcos VIP; y se desató la locura de un público de clase media -ajeno en general al barrio-que se comportó como en un recital de rock and roll --cantando y haciendo «pogo», festejando cada ocurrencia del cantante, coreando íntegramente sus canciones.
Sólo los tempraneros, ubicados en el campo, pudieron seguir de cerca lo que ocurría en el escenario; el resto tuvo que conformarse con unas pantallas que resultaron pequeñas y poco eficaces para el entorno.
Pero ni a Sabina ni al público pareció importarle que el sonido no fuera el mejor, que las pantallas dejaran ver muy poco, que las imágenes del fondo se perdieran por falta de calidad técnica -luego interrumpidas por el viento y la lluvia- desfilaron temas clásicos como «Ahora», «Mentiras piadosas», «Quién me ha robado el mes de abril», «Con la frente marchita», «Dieguitos y Mafaldas», «Conductores suicidas», «Y sin embargo», «Calle Melancolía» o «Una canción para la Magdalena». La gente y Sabina disfrutaron en grande. «El que no grita Sabina para qué carajo vino» gritaba la multitud, como en un partido de fútbol. Y poco importaron, entonces, los únicos dos temas del último disco «Alivio de luto» -» Resumiendo» y «Pájaros de Portugal», o la maravillosa participación de su nueva cantante/corista Helen de Quiroga en «Marilyn Monroe» y en una copla española -su anterior compañera Olga Román debió abandonar la gira por su embarazo-, o el solo de Pancho Varona en «Esta boca es mía», o las desafinaciones de Sabina.
Nadie supo que se esperaba un final apoteótico con el español reconciliándose públicamente con Fito Páez en el escenario. Y nadie quería irse de la cancha a pesar de la lluvia que ya era muy intensa pasadas las 23.30. Al punto que, cuando el español anunció el final cerca de las 23.40 -»yo seguiría tocando toda la noche pero me dicen que es peligroso para la gente que está con guitarras enchufadas», dijo-, la primera reacción de la multitud fue de desasosiego; para iniciar el desbande por las calles de la Boca segundos después.
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