Una imagen de la puesta monumental de «Turandot» de Roberto Oswald, que se verá desde
mañana en el Luna Park.
Régisseur, escenógrafo e iluminador de la nueva producción del Teatro Colón de «Turandot», de Giacomo Puccini, esta vez en el Luna Park, Roberto Oswald cuenta con un brillante pasado en la Argentina y en el exterior. Premiado por su labor como realizador escénico de algunas de las más complejas óperas del repertorio (firmó más de 80), Oswald también fue diseñador de escenografía de obras teatrales como «Coriolano», de Shakespeare, en el Teatro San Martín, y para el ballet.
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A partir de mañana, este artista mostrará su trabajo realizado para esta atípica serie de funciones de la ópera china de Puccini. Dialogamos en un alto del ensayo de luces en la renovada platea del Luna Park, cuyo escenario se muestra espectacular.
Periodista: ¿Qué criterio siguió para esta puesta?
Roberto Oswald: Se vincula con las otras seis puestas de «Turandot» que hice en mi vida. Esta es la tercera para Buenos Aires. En sus inicios la pensé como si la imagen fuera una laca china, luego pasé a considerar la posibilidad de una proposición tridimensional como la de algunas imágenes chinas con distintos planos superpuestos, traslúcidos, que dan idea de tridimensionalidad. Pero como «Turandot» estaba prevista para el fin de la temporada anterior en la sala del Colón, me atrajo la idea de hacer una versión abstracta de la ópera, donde los personajes tuvieran soluciones mágicas en sus apariciones y salidas de escena. Finalmente y como consecuencia de la suspensión de la temporada el año anterior y la decisión de hacerla en el Luna Park, se me ocurrió una síntesis entre esa visión abstracta con el agregado de algunos elementos acordes a la capacidad del ámbito. Así surgieron tres guerreros que presiden con su monumentalidad el escenario.
P.: ¿Utilizó elementos de producciones anteriores o lo que se verá es todo nuevo?
R.O.: Cuando intenté utilizar elementos de producciones anteriores, me enteré de que uno de los directores recientes del teatro, Tito Capobianco, había mandado destruir la escenografía anterior. Lo entiendo como una discordia con mi estética ya que tampoco me quería en la temporada armada por él. A tal punto es nuevo para Buenos Aires que se está utilizando un vestuario de Aníbal Lapiz, que es coproducción del Colón con la Opera de Santiago de Chile. Para el Luna Park hubo que fabricar 60 trajes que llevará la misma cantidad de figurantes, además de protagonistas y coro.
P.: ¿Tuvo problemas técnicos?
R.O.: Sí. Al principio todo fue muy complejo. Las actividades del Colón y las del Luna Park son totalmente antagónicas. También los códigos de los técnicos de ambos teatros, pero por fortuna con el correr de los días se fueron limando las diferencias y ahora hay un principio de entendimiento, que hace que todo funcione mejor.
P.: ¿Cómo balanceó la relación de lo visual con lo musical?
R.O.: No fue fácil, pero ahora va bien. Por las dimensiones del escenario y por la ubicación del coro, habrá que utilizar monitores en los que el director del coro reciba las órdenes del director de orquesta y a su vez las trasmita a los coreutas. Es complicado pero va saliendo. Las órdenes, por supuesto, se deben adelantar algunos segundos, para que lleguen a tiempo a los ojos de los cantantes del coro.
P.: ¿Cómo ve el Master Plan para restaurar al Colón?
R. O.: Si se cumplen los plazos establecidos, creo que está bien.
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