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8 de julio 2020 - 00:00

La pandemia no da buenos films

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Los cortos producidos por Netflix, filmados durante la cuarentena y bautizados “Hecho en casa”, exhiben un resultado desparejo y en general poco vuelo, salvo excepciones. El primero es francés; en sus cuatro minutos se ve a un adolescente que, luego de hacer su tarea, sobrevuela con su dron una zona marginal y muy afectada por el coronavirus. Se muestran las largas filas para comprar, gente con barbijo pero sin distanciamiento, y discusiones domésticas. Lo habitual.

Resulta extraño que los standards de Netflix hayan aprobado el corto de Rungano Nyomi, hecho con mensajes de WhatsApp e historias fragmentadas en torno a la enfermedad, un contenido inferior al video promedio que circula por la red. Si bien ha ganado premios BAFTA, su corto de 7 minutos se vuelve interminable. Cuando por fin un corto aporta belleza, movimiento o algo más parecido al cine, carece de historia. Es el caso del japonés “Último mensaje”, que recuerda la grandilocuencia de Terrence Malick en “El árbol de la vida”.

Lo mejor lo aporta Paolo Sorrentino con la desopilante recreación, mediante muñequitos, de una cuarentena compartida entre la reina de Inglaterra y el papa Francisco en el Vaticano. Aquí hay una historia en la que se preguntan cuán grave puede resultar el encierro para la gente normal si la reina admite llevar así toda una vida. Mientras bromean con lo inhumano del plexiglás y se debaten si ver “Los dos papas” o “The Crown”, deambulan por el Vaticano recreado en casa del director. “Viaje al final de la noche” culmina con el atardecer sobre Roma que “está tan vacía, tan desesperada y tan sola como la humanidad”.

También acierta Maggie Gyllenhaal con su corto filmado en su casa en Vermont, en el que vaticina un futuro temible en el que el virus ha matado a muchos millones y afecta a la ley de gravedad, al comportamiento de los astros y al ecosistema. Es angustiante, pero cierra con un humor que no le sale al chileno Pablo Larrain en “Última llamada”, con Mercedes Morán, sobre un hombre que dice estar muriendo y llama a sus ex vía Zoom. Otro corto emotivo es el de la norteamericana Rachel Morrison, con bellas imágenes sobre sus hijos durante la cuarentena y la intención de construirles una burbuja. Lo compara con cómo vivió ella el cáncer de su madre y reconoce estar del lado de “Los afortunados“ (nombre de su corto) en esta pandemia.

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